Sí, la gente lavaba su ropa en la Edad Media también

Uno de los mitos más persistentes de la Edad Media, sobre todo en medios audiovisuales como series o películas, es la del pueblerino o campesino sucio e ignorante, que solo se bañaba una vez al año y siempre estaba con los mismos harapos mugrientos y de color opaco y oscuro. Las personas de la Edad Media, como lo demostré en un artículo, adoraban bañarse, y también les agradaba ir con prendas coloridas y llamativas. El hecho de creer que las personas que no fueran nobles o aristócratas siempre vistieran ropa desgastada, sucia y rota también es falsa. Incluso tejidos hechos de lana y lino, los productos textiles más comunes antes de la aparición de la industria del algodón y la seda, eran costosos de fabricar, por lo que cualquier tipo de vestimenta podía representar un considerable porcentaje de la riqueza de un hogar. Y les gustaba más que nada los colores fuertes y llamativos, algo que elevaba aún más el precio de estas prendas. Esto obligaba a la gente a ser considerablemente cuidadosa con su vestimenta, usando ropa interior de lino o algodón para absorber fluidos corporales y evitar arruinar la tela principal. A causa de esto el lino, sobre todo a partir del siglo XIV, comenzó a tener una fuerte demanda. En varias casas burguesas de ciudades, pueblos y comunas medievales parte del salario de una sirvienta era un conjunto de ropa o telas que se le proporcionaba anualmente al igual que a los aprendices de gremios de la industria textil. El estatuto del gremio de tejedores de Kzimierz del Reino de Polonia en 1457 estipulaba que cada aprendiz debía recibir zapatos y ropa, y después de tres años, recibía una prenda de un valor de por lo menos un grzywna de plata. En Polonia las sirvientas, procedentes de aldeas humildes, usualmente eran contratadas por familias burguesas para ayudar a la señora de la casa en los deberes domésticos, principalmente el lavado de ropa. Recibían un grzywna de plata anual(el equivalente a un marco) así como también prendas de ropa y una habitación para hospedarse.

Después de la crisis y posterior fragmentación del imperio en Occidente la economía europea tuvo una lenta recuperación. La adopción de nuevas técnicas de cultivo produjo excelentes resultados, principalmente en el norte europeo que vio un incremento en el numero de asentamientos agrícolas, y con ello la actividad comercial de esa región, centrado principalmente en las emporia a partir del siglo VIII. Esto repercutió positivamente en algunas áreas de la industria artesanal, principalmente la textil. Inglaterra y Flandes se especializaban en la exportación de lana y la producción de telas de ese material, que luego serían comercializadas en ferias como Champaña. Hasta el siglo XII el lino y la lana eran los principales productos textiles en Europa.

Con el crecimiento total del comercio medieval a partir del siglo XII la industria textil en Occidente comenzó a refinarse y diversificarse con la introducción de la industria del algodón y la seda, nuevos mecanismos para hilar, tejer, desengrasar, y nuevos y costosos tintes como el laca o el índigo de la India. El incremento de la riqueza en la nobleza y la aristocracia medieval producto de este sustancial crecimiento económico y el incremento del intercambio comercial con Oriente, que vio el surgimiento de la clase media, los gremios y los bancos, provocó una fuerte demanda en la producción de complejos y lujosos tejidos como el terciopelo, el tafetán, el brocado y el damasco, y con ello la obligación de desarrollar mejores técnicas de cuidado y lavado de estos costosos artículos y crear recetas de detergentes y soluciones alcalinas menos agresivas a la tela y la tintura pero que a su vez pudieran ser más eficientes para remover cualquier tipo de residuo. Los manuales de receta de jabones, detergentes alcalinos, emulsiones, tensoactivos y otros agentes limpiadores resultaban ser tan específicos y técnicos que darían la impresión de ser manuales de formulas alquímicas más que simples recetas de limpieza. De hecho, varios lo eran; El Splendor Solis de 1532 explica por ejemplo cómo se debe aplicar la lejía en los tejidos de lino y cómo estos luego deben ser sumergidos, fregados y abatanados para eliminar las impurezas para luego ser tendidos a secarse o dejados en el césped bajo el sol para que se blanqueen. Esto demuestra que la curiosidad y el conocimiento empírico de las personas de la Edad Media y el Renacimiento no solo se limitaba al contexto académico.

En las zonas rurales el lavado se llevaba a cabo frecuentemente en las orillas de los ríos, donde la tela era fregada, cepillada y golpeada con mazos de madera para quitar las impurezas, escurridas y extendidas en el césped para que se secaran al Sol. La ropa también podía ser lavada en casa en calderas con agua caliente y lejía, que podía fabricarse en casa con cenizas de madera de la chimenea y agua en un proceso que se le conoce como “colada“(bucking). El proceso consistía en colocar la tela del lino en un barreño con un agujero en su parte inferior. El primer paso era verter agua fría que atravesara el lino y saliera por el agujero repetidas veces hasta que el agua saliera limpia, y se dejaba la tela en remojo unas 24 horas. El siguiente paso era recubrir el barreño con una tela a modo de filtro y depositar por encima ceniza de madera, y luego verter agua caliente sobre la ceniza para disolver los carbonatos de sodio y potasio, produciendo un efecto de cloración. El agua pasaba por el lino depositado en el barreño y volvía a salir por el agujero, se recogía, se recalentaba y se repetía el procedimiento de nuevo. El proceso podía durar entre unas 15 y 18 horas, y se debía recalentar la lejía hasta que esta saliera hirviendo del agujero. Luego el lino era lavado con jabón y enjuagado con mucha agua y finalmente se golpeaba con mazos de madera. Este método estaba presente en algunos manuales medievales como el kunstbuch del convento de Santa Catarina de Núremberg recopilado en el siglo XV, y era aplicado hasta el siglo XVIII y XIX, tal cual se expone en La Maîtresse de Maison de 1860.

Mezclado con grasa, la lejía producía el jabón por medio de la saponificación. El jabón era uno de los productos más comunes utilizado en el lavado de ropa y al igual que la lejía, era fácil de producir, y los métodos eran descritos en guías de receta de productos artesanales como el Mappae Clavicula del siglo XII y el Liber Diversarum arcium del siglo XIV e incluso en tratados filosóficos y científicos como el de De mineralibus de Albertus Magnus y el Tractatus de Magnetete et Operationibus de Petrus Peregrinus, del siglo XIII, este último siendo un texto científico que describe las leyes del magnetismo. El jabón también era usado en la medicina como lo presenta el Lacnunga, un manuscrito medico anglosajón del siglo X. Los gremios dedicados a la producción de jabones tenían conocimientos de qué tipo de soluciones alcalinas, grasas o aceites usar para conseguir el jabón de la calidad deseada.

El jabón de Castilla por ejemplo, descrito en algunos manuales como un producto ideal para tratar las manchas de tejidos de seda y terciopelo, era un tipo de jabón blanco, o jabón duro del tipo que se encontraba en el Levante mediterráneo y se preparaba en base a aceites como el oliva e hidróxido de sodio que se conseguía de las cenizas de plantas como las barrillas o algas marinas, mientras que tradicionalmente en Occidente la base era hidróxido de potasio y este tipo se le conocía como jabón blando, o jabón negro. La lejía extraída de las cenizas de manzaneros y los perales servía como un fuerte blanqueador. Otras cenizas populares en los manuales para fabricar jabón incluían las del sauce, haya y la planta de guía. Además de las cenizas, aceites y grasas, los gremios usaban otro tipo de ingredientes como el nitrato de potasio, jugo de remolacha, crémor tártaro, hiel de buey, clara o yema de huevo, y sustancias vegetales aplicadas en la perfumería, como el sirope de rosas y la raíz de orris.

Las soluciones alcalinas eran las que más se aplicaban en el lavado de prendas ya que la simple inmersión en agua caliente podía dañar la tela y arruinar el tinte. Las soluciones alcalinas en cambio podían tratar con las manchas de grasa y aceite donde la saponificación daba una asistencia adicional. Las soluciones alcalinas más usadas eran la lejía, la cal hidratada(hidróxido de calcio) y la cal viva(oxido de calcio), y podían combinarse con otras sustancias, tanto alcalinas como no alcalinas. En Von manigerley ausgeprannten wassern escrito por Michael Schrick de Viena en 1477 menciona cómo se puede combinar la lejía con crémor tártaro y plantas con alto contenido de saponina, como las hierbas saponarias, para crear agentes limpiadores. Las saponarias son tensoactivos, que reducen la tensión de la superficie del agua y que pueden penetrar más fácilmente en las manchas y se usaban sobre todo en tejidos de escarlata y terciopelo de cualquier color, aplicándolo en zonas especificas. Este agente se menciona en varios manuales del siglo XV y XVI como por ejemplo el manual germano Allerley Matkel y el manual holandés T bouck vā wondre de principios del siglo XVI. Otro ingrediente tensoactivo que se usaba en combinación con la lejía y otras sustancias era la hiel de buey. Los ácidos orgánicos y enzimas ayudan a emulsionar manchas de grasas, vino o cualquier otra mancha orgánica.

El ingrediente medieval conocido como alumen faecis o en italiano como lume de fezza era el carbonato de potasio que se conseguía quemando los posos de vino que se precipitaban en las barricas durante el proceso de producción de vino. En Allerley Matkel se describe cómo se podía combinar los posos de vino y la lejía para crear una solución que pudiera remover grasas. El ácido tartárico ayudaba a moderar la dureza de la lejía así como también a iluminar el color de las telas. Las fuertes soluciones alcalinas hacían cambiar de color los tintes de la Rubia tinctorum y la Caesalpinia, usados en la Edad Media para sacar el tinte rojo. Isidoro de Sevilla en su Etimologías explica que el nombre “alumen” se debía a que le daba más claridad a los tintes de las telas. El crémor tártaro se obtenía combinando el acido tartárico en solución liquida con hidróxido de potasio logrando así la precipitación. El ácido tartárico y el crémor tártaro eran usados para remover manchas inorgánicas y actuaban como agentes secuestrantes eliminando manchas de oxido de metales de los tejidos. Otros secuestrantes utilizados eran los jugos de limón y naranja, sobre todo contra las manchas de tinta. De los otros agentes no alcalinos comúnmente usados eran el polvo de huesos que actúa como adsorbente y era menos dañino en la tela teñida, la clara de huevo, que se recomendaba en combinación con el alcohol para tratar manchas en el terciopelo y otras telas de seda, y la yema de huevo que actuaba como emulsión para remover la mugre. Las gencianas se decía que podían ser usadas para limpiar tejidos de oro y el Allerley Matkel describe que el “jugo” de hongos, sobre todo el de chantarela, podía remover manchas de los velos de seda.

Las telas de lino comenzaron a ser muy comercializadas, a pesar de la competencia del algodón, a partir del siglo XIV. La tierra de batán, que era abundante en la región de Flandes, se usaba en combinación con el agua en las prendas de lana para absorber lanolina, aceites y otras impurezas del tejido y también era usado como blanqueador. Otro potente blanqueador mencionado en muchos manuales de limpieza de la época era la orina. Desde la antigüedad la orina fermentada servía como detergente que, al igual que la tierra de batán, removía las impurezas de la lana, ya que esta contenía un alto grado de amoniaco. Además que mezclado con el hidróxido de calcio restablecía el color verde en la tela y también se usaba como ingrediente en la elaboración de tintes verdes, como lo describe el Innsbrucker Handschrift de 1330, en el que, hirviendo el cardenillo en orina y mezclándolo con alumbre y la goma arábiga se obtenía dicho tinte.

El lino era usado para fabricar camisas, ropa interior, toallas, manteles, sabanas y cofias, y para la aristocracia el lino bien blanqueado era señal de prestigio social, por lo que varias dinastías establecieron cuartos de lavados con limpiadoras profesionales con un sustancial salario. En el reino de Polonia en el siglo XIV los reyes Vladislao II y Eduviges de Polonia empleaban ablutrices profesionales para lavar sus prendas personales mientras que los reyes Bona Sforza y Segismundo I Jagellón el Viejo construyeron un cuarto equipado con numerosas tinas de madera y esponjas con limpiadoras en el castillo de Wawel, en el siglo XVI. Las instituciones religiosas, iglesias y monasterios también empleaban los servicios de estas lavanderas ya que en las celebraciones litúrgicas usaban una considerable cantidad de lujosas telas. A pesar de los cuidados inevitablemente las prendas eclesiásticas y las telas de los altares quedarán siempre manchadas con vino en las ceremonias de la Eucaristía. El Kunstbuch de Núremberg hace énfasis en remover manchas de vino, así como también restablecer el color verde en las vestimentas eclesiásticas; El verde era usado en días comunes y festivos de bajo rango. Las lavanderas usaban la planta arum italicum, como fuente de almidón para planchar la ropa. La demanda por emplear lavanderas profesionales hacía que estas tuvieran un cierto prestigio, sobre todo en la sociedad polaca medieval. Tan importante se consideraba el oficio para mantener los manteles de los altares y otras prendas religiosas limpias que en 1417 la duquesa de Münsterberg, Elisabeth, donó una casa a la catedral de Wawel como residencia para las ablutrices de los canónigos de la catedral.

Las lavanderas no se limitaban solo la aristocracia y la iglesia. Tenían una alta demanda de clientes de todo tipo, desde comerciantes hasta hombres sin esposas e hijas que pudieran hacer ese deber. En los pueblos y ciudades adyacentes a universidades los maestros y estudiantes suponían una importante clientela para estas mujeres. Sin embargo muchas veces estaba mal visto por las autoridades que las lavanderas entraran a los precintos de las universidades. En la universidad de Cambridge por ejemplo se prohibía la entrada de latrices mulieres, las lavanderas, y en los colegios de Oxford solo se recomendaba emplear una mujer latrix solo si no se podía encontrar a un hombre. En la universidad de Cracovia por otro lado solo se prohibía la entrada aquellas mujeres que tuvieran una mala reputación, dejando pasar a las que consideraban honesta. A pesar de esto no hay pruebas de que la prostitución fuera practicada asiduamente entre las lavanderas, sobre todo teniendo en cuenta que estas eran considerablemente bien pagas y en algunas sociedades, como en Polonia, disfrutaban de una buena reputación y buen estatus social, contrario a las sirvientas empleadas por las familias burguesas. Incluso varias veces en casos de disputa estas mujeres aparecían sin un representante masculino en las cortes seglares o eclesiásticas, y a veces incluso ganando casos en varias ocasiones, como por ejemplo cuando en 1423 en Cracovia un estudiante de la Universidad fue obligado por una corte bajo pena de excomunión a pagar lo que le debía a una praczka llamada Dorothea de Stradom, y en 1436 una lavandera del castillo de Wawel llevó al capellán real a una corte por el mismo motivo.

Finalmente las señoras de familia burguesa de las ciudades y comunas empleaban generalmente sirvientas de procedencia humilde para asistirlas en el lavado. El lavado de ropa era hecho casi en su totalidad por la ama de casa, con la sirvienta ayudando a traer agua de los ríos y pozos. Las clases burguesas eran moderadamente ostentosas especialmente con las telas, empleando una considerable cantidad de recursos para llevar a cabo un lavado domestico. Anna Salomonowa, la viuda de un concejal municipal de Cracovia de 1547 utilizaba al menos tres calderas para el lavado domestico.

Fuentes:

Leslie Carr-Riegel, “Laundry Ladies in Medieval Poland

Susan Verberg, “A most copious and exact compendium of sope.”

Drea Leed “Textile Cleaning Techniques in Renaissance Europe”

Frances Gies y Joseph Gies “Cathedral, Forge, and Waterwheel: Technology and Invention in the Middle Ages (Medieval Life)

Vida alienígena, el universo y el espacio en la Edad Media

En París de 1277, como consecuencia de un enfrentamiento entre la facultad de Teología y los estudiantes y maestros de la facultad de artes liberales, el Obispo Etienne Tempier redactó una lista de condenas a varias proposiciones aristotélicas que a priori limitaban el poder divino de Dios y su libertad de intervenir en las causas naturales a través de milagros. Esto a muchos les podrá parecer un ejemplo más de cómo la Iglesia limitó el estudio de la filosofía y las ciencias, promovió el “oscurantismo” y la ignorancia eclesiástica una vez más mostrando su fea cara en esa época “oscura” llamada “Edad Media”. Condenar las proposiciones filosóficas de uno de los filósofos más influyentes de Occidente sin dudas puede verse como una actitud retrograda y “medieval”. La realidad sin embargo, es muy distinta. La autoridad principal en la filosofía natural aristotélica de la Universidad era Averroes, que contrario a los comentarios moderados de Avicena, proponía una interpretación radical del aristotelismo. Este aristotelismo “radical” comenzó a ser aceptado por varios maestros y estudiantes de la facultad de Artes. Es así como uno de sus maestros , Siger de Brabant proponía que el libre albedrio no existía, que la tierra era eterna y que el alma, salvo la parte “intelectual” que en realidad era una sola y era compartida por toda la humanidad, desaparecía con la muerte biológica. Siger sin embargo seguía defendiendo la existencia de Dios, pero a través de la fe. Sin embargo su doctrina limitaba considerablemente su poder y voluntad. Esto hizo que la diócesis de París actuara, con el apoyo de la facultad de teología para promulgar estas condenas y obligar también a los maestros y estudiantes de la facultad de Artes a comprometerse a no involucrarse en terrenos de la teología. Además de las proposiciones de Siger, unas 13 en total, el Obispo terminó condenando unas 219 proposiciones, 20 de ellas pertenecientes al propio Tomás de Aquino.

Qué tiene que ver este hecho con la discusión de otros mundos, vida extraterrestre y un universo infinito? Entre las condenas se encuentra la naturaleza pre-existente de la tierra(jamás fue creada), negar la inmortalidad del alma, el rechazo del libre albedrio, las influencias astrales, la autonomía de las causas secundarias, el determinismo, las esferas celestiales moviéndose por medio de espíritus y que Dios no podría mover la tierra porque dejaría un lugar vacío. Pero el principal motivo de estas condenas es asegurar que el poder divino no esté limitado. Aristóteles también proponía que solo podía existir una tierra y un solo sistema solar, que no podría existir un espacio vacío y por lo tanto no podría existir un universo infinito. Al aceptar estas proposiciones automáticamente se entra en conflicto con la omnipotencia de Dios. Dios según los averroistas de París, y Aristóteles, no podría crear un espacio vacío, tampoco podría crear un espacio más allá de los limites del universo ni mucho menos crear múltiples mundos con vida. Las condenas de 1277 no censuraron las ideas de Aristóteles ni a la filosofía natural, en todo caso, con respecto a lo último, la potenciaron significativamente. Este hecho permitió a los futuros filósofos a evaluar, reconsiderar y criticar ciertos aspectos de la filosofía aristotélica, y a proponer nuevas alternativas que resultarían muy prolíficas e importantes en lo que vendría luego. En definitiva, permitió que la filosofía natural medieval lograra un poco más de autonomía al despegarse parcialmente del aristotelismo. Un ejemplo de ello las investigaciones cinemáticas de los calculadores de Merton en Oxford, y los estudios del ímpetus de Buridan. Ambas tradiciones consideraban la posible existencia de un vacío, la fuerza impresa como causante de la variación del movimiento de un objeto, incluso discutieron la posible existencia de otros mundos, vida extraterrestre y universos infinitos.

La idea de mundos infinitos se remonta a los tiempos de Anaximandro de Mileto(610 a. C.- c. 545 a. C.). Si bien ninguno de sus trabajos pudo sobrevivir hasta la actualidad, sabemos mediante otros autores, como Simplicio de Cilicia y el cristiano Hipólito de Roma, que Anaximandro sostuvo la idea de múltiples o infinitos mundos, que fuera luego adoptada por la corriente atomista de Demócrito de Abdera(c. 460 a. C.-c. 370 a. C.). Además Cicerón reporta en su De natura deorum que Anaximandro atribuía a estos infinitos mundos incontables dioses. Otro filosofo que se reporta haber profesado sobre la idea de infinitos mundos fue Anaxarco de Abdera(c. 380 – c. 320 a. C.), quien acompañó a Alejandro Magno. Plutarco en su Moralia relata cómo Alejandro, al escuchar el discurso de Anaxarco, lloró y se lamentó porque a pesar de existir infinitos mundos, no pudieron ni siquiera todavía conquistar uno. En el siglo IV a. C. Epicuro también especuló sobre el movimiento de infinitos átomos que producirían un numero ilimitado de mundos, y en su De rerum naturae el autor epicúreo romano Lucrecio postulaba al igual que Epicuro que el Universo era infinito, y que también contenía innumerables mundos. El elemento de vida extraterrestre no solo era un elemento de especulación filosófica; el autor sirio Luciano de Samósata en su novela satírica Historia Verdadera escribía cómo sus personajes visitaban la luna y encontraban todo tipo de seres extraños habitándola.

Aristóteles termina rechazando estas ideas. En el libro I de De Caelo, este rechaza la pluralidad de mundos, asumiendo que solo debía existir un centro, del mismo modo que un circulo debía tener solo un centro y una circunferencia. Con esto también rechaza la posibilidad de un universo infinito. Su argumento también se basa en su física de los elementos, que se moverían siempre al centro, por lo que de existir otra tierra, esta colisionaría con la nuestra. En su Física también rechaza la existencia actual del espacio vacío. Aristóteles define el espacio separado de la forma y la materia pero que debía siempre tener algo ocupado en él. Lo definía como la superficie interna que envolvía al cuerpo que lo ocupaba, y que nunca estaría vacío, ya que era continuamente ocupada por algo; un recipiente con agua se llenaría instantáneamente de aire por lo que nunca estaría realmente vacío. Pero su principal argumento contra el vacío se encontraba en su ley del movimiento. Para Aristóteles todo movimiento violento debía tener una causa externa, que él atribuía al medio, y la velocidad en que un proyectil se movía debía ser proporcional a la densidad del medio que lo impulsaba. Al no existir un medio en un espacio vacío, no habría un agente que causara el movimiento de un objeto, y en caso de este moverse en un medio vacío no habría nada que lo resistiera por lo cual el objeto viajaría a una velocidad infinita, algo completamente ilógico para Aristóteles. Este planteamiento no sería satisfactoriamente refutado hasta el siglo VI cuando el filosofo cristiano Juan Filopono nota correctamente que si la fricción del aire resistía el movimiento de un proyectil, este no sería la causa de su movimiento, proponiendo en su lugar su alternativa de la fuerza impresa del ímpetu, una teoría que se anticipaba a lo planteado por Galileo y Newton por más de un milenio.

Hay que señalar una cosa. Que gracias a los avances científicos y tecnológicos se demostrara que Aristóteles estaba equivocado en todo esto, no quita que sus ideas y planteamientos fueran interesantes. La metodología que desarrolló fue lo que ayudó a muchos filósofos a refutarlo en primer lugar. Aunque muchos filósofos, particularmente en la Edad Media, se adherían a muchos de sus postulados, no todos estaban 100% de acuerdo con sus ideas, y es algo que hay que resaltarlo ya que los críticos de la escolástica suelen caracterizar a los filósofos medieval como 100% aristotelistas radicales que rechazaban otras ideas que no estuvieran apoyadas por el filosofo. Como demostraré más adelante cuando discuta la actitud de varios escolásticos medievales, particularmente de la generación posterior a las condenas de 1277, esto está muy lejos de la realidad histórica.

Los estoicos estaban de acuerdo con Aristóteles con respecto a su descripción de un cosmos esférico cerrado y finito sin espacios vacíos, con la diferencia de que no aceptaban la división celestial de esferas de Aristóteles y que todo el espacio estaba ocupado por el pneuma. Pero contrario a Aristóteles consideraban que afuera del cosmos existía un espacio infinito tridimensional capaz de recibir la materia como un receptáculo. El astrónomo estoico Cleómedes, quien se especula vivió entre el siglo I a. C. y el IV d. C. aceptaba la definición de vacío de Aristóteles, en que vendría a ser el lugar que, aunque sin una realidad actual, podría ser potencialmente ocupado por un cuerpo. Pero Cleómedes también lo define como el lugar que, además de poder ser ocupado por un cuerpo, también podía ser abandonado por este. Los estoicos en definitiva sí aceptaban un espacio vacuo extra cósmico infinito que rodeaba el cosmos y nuestro mundo, y el argumento para asegurar su inconmensurabilidad era que al no existir un cuerpo que ocupara este vacío, no había nada físico que lo limitara. El comentario del De caelo de Aristóteles de Simplicio de Cilicia(c. 490 – c. 560 d.C.) discute el rechazo de Aristóteles a un espacio vacuo y menciona a los estoicos argumentando en favor de un vacío extra cósmico. Después del trabajo de Simplicio, traducido del griego por Guillermo de Moerbeke en el siglo XIII y discutido por Tomas de Aquino en su Expositio De Caelo, no mucho de los estoicos estaba disponible en el occidente medieval y la cosmología estoica no sería revivida sino hasta el siglo XVI.

El planteamiento de mundos con vida extraterrestre fue abordado por algunos cristianos de la antigüedad. En su Refutatio Omnium Haeresium Hipólito(c. 170 -235 c. d.C.) rechaza la idea de de la pluralidad de mundos de Anaximandro, lo mismo que Eusebio de Cesarea en el siglo IV. La pluralidad de mundos estaba estrechamente asociada al materialismo y al ateísmo implícito de los filósofos atomistas y además la idea de otros mundos y vida extraterrestre implicaba planteamientos y cuestionamientos al esquema de la redención de Cristo en la biblia, y de si este debía rencarnar innumerables veces en otros mundos para asegurar la redención. Esta pregunta no sería respondida satisfactoriamente hasta la Edad Media, como lo veremos más adelante.

La idea de la existencia de un vacío dentro y fuera del cosmos también entraba en conflicto con el cristianismo, ya que un vacío con una dimensión cuantitativa implicaría su naturaleza pre-existente y para los cristianos nada, excepto Dios, era eterno. San Agustín sin embargo cita algunos pasajes del texto hermético Asclepio, del siglo III, en el que especula sobre la supuesta existencia de un espacio vacuo extra cósmico infinito. En Asclepio Hermes declara y afirma que tal cosa como un espacio vacío no existe, ni fuera ni dentro del cosmos, y que todas las partes de este están ocupadas con cuerpos de varias cualidades y formas. De existir un espacio vacuo fuera del cosmos, Hermes asegura que sería un espacio vacío de cuerpos físicos, pero que aún así estaría ocupado por substancias espirituales. El concepto de un espacio extramundano ausente de materia física pero ocupado por una substancia espiritual omnipresente parece satisfacer al propio Agustín de Hipona, quien cita las palabras de Hermes en su libro XI de Ciudad de Dios y acepta positivamente la noción de filósofos paganos de un ser espiritual y creador de todas las cosas presente espiritualmente en todo el universo. Agustín acepta el rechazo del autor de Asclepio de un universo finito sin espacios vacuos dentro o fuera de él, pero al igual que el autor de Asclepio, Agustín acepta de que si existiera, no estaría vacío más que de cuerpos físicos.

San Agustín abría la posibilidad de una concepción de una realidad potencial o imaginaria de una extensión extra cósmica del universo, y la discusión y los cuestionamientos sobre posibles mundos siguieron dándose en la Edad Media también. Tomas de Aquino unos años antes de las condenas en Paris en su Summa Theologica ya establecía que la omnipotencia de Dios podía dar lugar a la existencia potencial de muchos mundos y un universo infinito. Sin embargo finalmente termina aceptando la teoría de Aristóteles de un cosmos cerrado con un solo centro. Del mismo modo Alberto Magno luego de discutir sobre la posible existencia de otros mundos finalmente se adhiere a los mismos argumentos de Aristóteles.

Gerardus Odonis(1285 – 1349) quien fuera el Ministro General de la Orden de Frailes Menores luego de la salida forzada de Miguel de Cesena, en sus comentarios del Sententiarum de Pedro Lombardo, criticaba la definición aristotélica del espacio como una superficie interna que contenía un cuerpo proponiendo en su lugar que el espacio tenía una realidad y extensión tridimensional. Este concepto se anticipaba a la nueva definición del vacío planteada por los filósofos y científicos de los siglos XVII y XVIII, incluyendo Newton. Las claras inclinaciones atomistas y platónicas de Odonis en sus ideas sobre el espacio y la pluralidad de mundos se presentan en sus comentarios del libro II del Sententiarum, en el que no solo plantea de forma hipotética la creación de otros mundos y de una extensión espacial extra cósmica infinita a través de la omnipotencia de Dios, sino que además, contrario a Tomas de Aquino y Alberto Magno, está abierto a la posible existencia real de las mismas. Odonis pertenecía a la generación posterior a las condenas de 1277 y sus comentarios fueron influyentes en otros filósofos, particularmente Buridan en Paris.

Jean Buridan(c. 1300 – c. 1358) fue uno de los principales empiristas del siglo XIV y su extensión de la teoría del ímpetu de Juan Filopono tendría gran repercusión en el desarrollo de la física moderna en siglos posteriores. Buridan, contrario a otros escolásticos nombrados en este texto, no era un teólogo entrenado, pero aceptaba que el ilimitado poder de Dios permitiría la posible existencia de otros mundos, como lo sugiere en sus comentarios de los trabajos Física y De caelo de Aristóteles. Sin dudas que sus planteamientos hipotéticos derivan de las condenas de 1277, sin embargo el nominalismo de Buridan termina por aplicar el principio de economía, en que menos es mejor, y si Dios quisiera por ejemplo crear otras criaturas, él simplemente lo podía hacer incrementando el tamaño de cualquier factor en lugar de crear otros mundos. También rechazaba la existencia real de un vacío infinito, pese a que aceptaba que dicha magnitud podía existir de acuerdo a los deseos de Dios, en base a la ausencia de evidencia empírica, razón y a la autoridad bíblica.

Pero, contrario a Buridan, el matemático parisino Nicolas Oresme (c. 1323 – 1382) era más cauteloso con respecto a los sentidos humanos, ya que enfatizaba la complejidad y confusión de las causas naturales y la dificultad para definir y relacionar una causa natural particular de un efecto natural particular. Para Oresme la ciencia no era certera o absoluta y las causas naturales no podían saberse con precisión, aunque sí podían conocerse de forma aproximada. Por eso en su Le livre du ciel et du monde la idea de mundos y espacios infinitos no podrían ser satisfactoriamente refutadas en un marco filosófico. Lo interesante del planteamiento de Oresme sobre la pluralidad de mundos es que aparte de concebir la tradicional teoría de la existencia de mundos en un espacio infinito, también propuso la idea de mundos concéntricos, o mundos dentro de otros mundos. Esta idea sugiere que fuera de nuestro mundo existe otro igual al nuestro que nos rodea y dentro del nuestro existiría otro igual pero más pequeño, y así sucesivamente formando un sistema concéntrico de un numero indeterminado de mundos, sugerente al concepto de esferas celestiales concéntricas de Aristóteles. Oresme admite que esto no es solo más que un ejercicio mental(par esbatement) pero su idea a mi parecer tiene más en común con la teoría de multiversos más que la clásica teoría cósmica de múltiples mundos. Oresme se terminaría decantando por la teoría del cosmos cerrado de Aristóteles, pero no por eso sus planteamientos dejan de ser menos interesantes e influyentes.

Otro importante matemático de esta generación, el Maestro de Oxford Thomas Bradwardine(c. 1290 – 1349) también especuló sobre la idea de espacios infinitos y otros mundos en su De causa Dei contra Pelagium que influyó profundamente en los filósofos y matemáticos ingleses del siglo XVII, especialmente Newton. Bradwardine no solo aplica la tradicional especulación teológica de la omnipotencia de Dios para crear otros mundos usada por los escolásticos anteriormente mencionados, sino que además sus argumentos se basan directamente de la tradición hermética y en los comentarios de San Agustín en su Ciudad de Dios. En su contra Pelagium Bradwardine cita el Asclepio para hablar de la omnipresencia de Dios en este vacío imaginario, así como también el trabajo pseudo hermético Liber viginti quattuor philosophorum en el que cita que Dios es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. También especula sobre la posibilidad de Dios de mover la tierra de un lugar a otro, confrontando a su vez a los aristotelistas que aseguran que es imposible que el mundo pudiera moverse ya que crearía un vacío en el espacio antes ocupado, algo que rechazaban por completo.

“Le Livre Des Bonnes Moeurs” – Jacques Legrand, 1338

El cardenal neoplatónico y humanista Nicolás de Cusa(1401 – 1464) desarrollaría un sistema filosófico neoplatónico y neo pitagórico que defendería un pluralismo cosmológico ontológico con claros elementos del principio de plenitud que se encontrarían en el Timeo de Platón, en un tiempo en el que el misticismo renacentista estaba remplazando al riguroso sistema metodológico escolástico en la corriente humanista. Para Cusanus en su Docta Ignorantia el universo no tiene centro porque es ilimitado y por lo tanto infinito, y que el centro y la circunferencia del universo natural solo sería encontrado en Dios, y la vida animal y vegetal tal como existe en la tierra existiría en otras regiones del universo y todos tendrían su origen en la creación de Dios. Sus pensamientos terminarían influyendo en el mago hermético Giordano Bruno, que incorporaría el pluralismo cósmico en su sistema religioso como prueba del ilimitado poder de Dios. Cusanus claramente se aleja, pero no demasiado, de las especulaciones cuasi-aristotélicas de los anteriores filósofos cristianos, la mayoría terminando dándole la razón a Aristóteles en solo aceptar una realidad potencial, y no actual de una extensión infinita extra cósmica.

Guillermus Vorrilong(1390 – 1463) fue un teólogo contemporáneo de Cusanus el cual se le representa como el primer teólogo cristiano en relacionar la idea del pluralismo cósmico con el pecado original y la salvación. El rechazo de los cristianos primitivos a las teorías de Anaximandro y los atomistas se debía en gran parte en que la idea de otros mundos entraría en conflicto con el dogma cristiano de la redención. Vorrilong sin embargo explica en su comentario del Sententiarum de Pedro Lombardo de 1464 que de existir la hipotética posibilidad de otros mundos, a pesar de haber sido creados por Dios, estarían completamente ausentes del pecado original ya que no pertenecían a la descendencia de Adán. Sobre la pregunta de si Cristo necesitaba morir en la tierra o reencarnar en otros mundos para volver a ser sacrificado por la salvación de los habitantes de esos mundos, Vorrilong responde que la muerte de Cristo en la tierra era suficiente para redimir a todo el universo, y que no era necesario innumerables reencarnaciones en otros mundos.

Las discusiones y debates cosmológicos con respecto a estos tópicos siguieron con otros filósofos y teólogos, como Marsilio de Inghen(c. 1340 – 1396) , John Mair(1467–1550) y Cristopher Clavius(1538 – 1612). El escritor español y judío Hasdai Crescas(1340 – 1410) también contribuyó al debate teológico sobre la inconmensurabilidad de Dios en relación a un vacío extra cósmico, influyendo en filósofos posteriores como Spinoza. Tanto Crescas como Spinoza a su vez fueron influenciados por los planteamientos escolásticos del siglo XIV, principalmente los de Oresme y Bradwardine.

Nicolás Oresme en particular había propuesto que la idea de un espacio infinito era imaginaria ya que esta no podía ser percibida por los sentidos. El mismo concepto de un espacio imaginario sería discutido en el comentario de un escolástico jesuita anónimo de la Física de Aristóteles en Coimbra en el siglo XVI. El autor sugiere que el espacio es una entidad sin ninguna extensión dimensional, y por lo tanto una ficción que depende de la imaginación del intelecto. Sin embargo a pesar de no tener realidad dimensional, este lo definía como el receptáculo potencial de otros objetos físicos tridimensionales. A pesar de su capacidad potencial de recibir cuerpos dimensionales, el autor concluye que su existencia no puede ser considerada positivamente real ya que implicaría una naturaleza eterna, y aparte de Dios nada podía considerarse eterno. Esta definición trascendental, y no dimensional del vacío infinito describe(salvo el caso de Odonis quien claramente define el espacio como un lugar tridimensional) la actitud general de los escolásticos del siglo XIV, y al igual que estos, el autor concluye que si Dios lo deseara podía crear y estar presente en un espacio vacío porque él mismo podía estar presente tanto dentro de la esfera celestial como fuera en un vacío imaginario.

El tratado anónimo portugués sería influyente para que Otto von Guericke, físico y jurista alemán del siglo XVII, ​ famoso por sus estudios sobre presión atmosférica, electrostática y física del vacío, propusiera en su Experimenta nova Magdeburgica de vacuo spatio de 1672 que el vacío sí tenía una propiedad tridimensional. En su trabajo von Guericke muestra una clara influencia estoica al asumir que fuera de un cosmos cerrado y finito existía un vacío infinito ocupado solo por la presencia infinita e incorpórea de Dios. Contrario al tratado de Coimbra, caracteriza el espacio infinito imaginario como una entidad real y positiva. En su argumento contra quienes protestan sobre la idea de que algo imaginado no puede considerarse real, von Guericke explica que es necesario imaginar lo que no podemos observar y que se encuentra fuera de nuestro entendimiento sensorial. Así mismo aquellos que nunca han visto la ciudad de Roma, un espíritu o un animal exótico se ven obligados a imaginarlos, y ya que nadie puede comprender por experiencia el infinito, lo ideal era recurrir a la imaginación. También respondió al dilema que ha circulado por siglos en la época antigua y medieval; Qué pasaría si una lanza atravesara la esfera celestial? (En su comentario de Física de Aristóteles, Simplicio menciona que el primero en plantear esta pregunta fue Arquitas de Tarento en el siglo IV a. C.). Según von Guericke la inercia de los cuerpos en movimiento seguiría sin ninguna obstrucción en la región extra cósmica y una lanza, o cualquier otro objeto, terminaría teniendo una trayectoria uniforme perpetua sin ningún tipo de interrupción. Estas especulaciones filosóficas y teológicas, por lo menos relacionadas al vacío, tendrían por fin una confirmación empírica con los experimentos con bombas de aire, o bombas de vacío, y en investigaciones sobre la presión atmosférica de Pascal, von Guericke y Robert Boyle incorporando en la nueva física del siglo XVIII la confirmación empírica de un espacio vacío tridimensional.

Mientras tanto en la Inglaterra del siglo XVII y XVIII filósofos como Henry More, Joseph Raphson, Samuel Clarke e Isaac Newton serían influenciados por las ideas de Thomas Bradwardine en su De causa Dei contra Pelagium, que fuera luego editado en 1618 por Henry Savile. Todos ellos establecieron la idea de que el espacio tenía una extensión dimensional que no fue concebida por los escolásticos medievales. Henry More al igual que los estoicos proponía un cosmos finito rodeado de un espacio infinito y al igual que en el Asclepio y las interpretaciones de Agustín y Bradwardine este espacio estaba ocupado para la esencia divina de Dios. Para Joseph Raphson en su De spatio reali de 1702 la omnipresencia de Dios era un prerrequisito necesario para la existencia de un universo infinito e Isaac Newton se adhería a la idea de von Guericke en el que la trayectoria de los cuerpos en un vacío tridimensional no era afectada ni resistida por la omnipresencia divina que permeaba el espacio. Al igual que Raphson Samuel Clarke decía que el espacio era eterno porque era una consecuencia necesaria a la existencia de Dios.

Los físicos de los siglos XVII y XVIII sin dudas tuvieron una gran influencia de las discusiones y contribuciones medievales sobre estos fenómenos, ya que incluso los elementos estoicos, platónicos y herméticos en sus especulaciones cosmológicas fueron también evaluados y discutidos por los escolásticos. Al carecer de los instrumentos científicos modernos estos filósofos no tenían más remedio que plantear estas ideas de forma cautelosa y especulativa. Estas ideas sin embargo nunca fueron prohibidas y fueron ampliamente discutidas a lo largo de la historia, y si bien fueron más los rechazos de su existencia real y actual que su aprobación, en base a la imposibilidad de una confirmación empírica más que a una imposición obligada de fe religiosa, siguieron siendo aplicadas y discutidas como interesantes ejercicios mentales(secundum imaginationem) resultando en muchos casos en revolucionarios planteamientos que contribuirían al desarrollo de la ciencia en el futuro. Es cierto que la actitud a estas ideas era de cautela, evidenciándose en la naturaleza especulativa de sus discursos, pero realmente este era la mejor forma de proceder ante ideas que estaban lejos de sus sentidos. La corriente nominalista del siglo XIV que surgió como consecuencia de las condenas aristotélicas de 1277 contribuyó e influyó enormemente en los futuros trabajos de físicos y matemáticos que establecerían la base de la ciencia moderna.

El aristotelismo en la mira; La ruptura gradual del tradicionalismo aristotélico y una guía de cómo no ser un incompetente fundamentalista REDUX.

Esta es una replica de la respuesta que recibí del autor del blog ateoyagnostico luego de mi publicación anterior la cual muy inocentemente comenté en su entrada “Cosas a las que la religión se opuso por “demoníacas” o “herejes”: el cero”. Mi publicación la pueden leer aquí. La verdad que me esperaba cualquier cosa como respuesta. Desde insultos infantiles hasta distorsiones de mis argumentos. Pero además de haber recibido eso, lo que no esperaba era presenciar un completo ejemplo de la miseria humana; desde sus extraños lapsus de olvidar lo que había escrito, hasta inventar argumentos que nunca dije y tomar como incuestionable la palabra de las fuentes que cita a pesar de que en muchas ocasiones, estas tampoco proporcionan ejemplos o evidencia de lo que afirman. Realmente es un individuo que adora citar y que los demás hablen por él más que por lo que pueda escribir en base a dichas fuentes. No veo nada malo en eso. Pero si se va a citar algo, hay que procurar que dicha cita si proporcione la información especifica necesaria para poder apoyar su propio argumento, y si no lo hace, lo puede hacer uno mismo. Ninguno de los dos casos ocurre. El claro Dunning-Kruger del autor se acentúa cada vez más cuando intenta hacer un chiste y aparentar ser gracioso. Realmente triste. Aquí dejo la respuesta a su comentario que por cierto, para entender el contexto sugiero que la lean primero en la entrada que enlacé. Lamentablemente el autor ha dicho que ignorará mi respuesta porque supuestamente lo he insultado. Convenientemente ha ignorado algunos aspectos que le es incomodo en su narrativa, como por ejemplo los autores islámicos que rechazaban el concepto de vacío con los mismos argumentos que lo hacían los cristianos, o que Aristóteles no se oponía a los infinitesimales y que estos fueron ampliamente discutidos e investigados por los matemáticos cristianos.

Nota; si no se ha leído mi publicación anterior y la respuesta de “Ateoyagnostico” la redacción puede generar mucha confusión, ya que solo cito textualmente las respuestas que me parecieron relevantes citar, por lo que sugiero leer mi publicación y luego la respuesta de Ateoyagnostico en los comentarios de su publicación.

La respuesta comienza con esto;

“¿en qué carajos contraría esta declaraicón a lo que yo dije: “Gerbert tuvo la idea del ábaco de un árabe español, este no incluría el cero en él (a pesar de su conocimiento).”?”

En la cita que él hace se insinúa que Gerberto no incluyó deliberadamente el cero en el ábaco por motivos religiosos(a pesar de su conocimiento). Esto se puede inferir en el mismo párrafo donde afirma(y sin citar ningún ejemplo en particular, obviamente) que cuando “llegó a la Europa cristiana este (EL CERO) se encontró con la oposición religiosa”. Claramente está estableciendo un caso donde la culpa es de una “oposición religiosa” que consideraba el cero un “numero infiel” por proceder de una “fe distinta”.

Es por eso que la cita en inglés de Seife lo contradice, ya que el autor no toma en cuenta TODO el párrafo en donde esa pequeña frase que citó cambia completamente de significado. Por otro lado el problema es que tampoco especifica ni menciona ningún ejemplo de nadie oponiéndose al cero por motivos religiosos. Mucho menos menciona quién o quiénes consideraban el cero un numero infiel porque provenía de una “fe distinta”.

Al aislar su frase; “Gerbert tuvo la idea del ábaco de un árabe español, este no incluiría el cero en él (a pesar de su conocimiento)” del párrafo de donde proviene, descontextualiza completamente el asunto y hace ver que no hubo una contradicción de lo que dijo con respecto a la frase de Seife, pero al leer el párrafo completo es más que claro a qué apuntaba en realidad.

En su segundo punto le domina la impotencia, porque apenas comprendo lo que intenta decir aquí, probablemente por el nerviosismo que le causa tener que confrontar a alguien que claramente identificó su defectuoso y redundante argumento. Pero en este punto en realidad es irrelevante si considero que Seife tenga o no credibilidad, pero que alguien que no posee ninguna credencial ni licenciatura académica sobre el tema del cual se dedica a hablar(Historia) claramente no lleva a ningún buen resultado, así que supongo que eso debe contestar su inquietud. Pero la realidad aquí es que el trabajo de Seife es su principal fuente, y esa frase es citada textualmente de su trabajo, por lo que ni su principal fuente considera que la no inclusión del cero en el ábaco de Gerberto tuvo algo que ver con una “oposición religiosa” que consideraba al cero un “numero infiel” por provenir de una “fe distinta”.

Luego en su tercer punto hace una afirmación bastante extraña;

Afirma que el uso de la física aristotélica hasta el renacimiento es “una tesis por lo demás muy discutible y sin ninguna evidencia clara que conecte las dos cosas”

En realidad eso no fue lo que afirmé. La “discutible tesis” es en referencia a esta cita de Seife;

“El Cero entraba en conflicto con las creencias filosóficas fundamentales de Occidente, ya que dentro de cero habían dos ideas venenosas para la doctrina occidental. De hecho, estos conceptos acabarían por destruir la filosofía aristotélica después de su largo reinado. Las ideas eran el vacío y el infinito”

Y mi cita textual y COMPLETA fue esta;

A pesar de citar el trabajo de Seife y una cita de él mismo asumiendo que la resistencia a la aceptación del cero en occidente tuvo algo que ver con el rechazo aristotélico al vacío y el infinito(una tesis por lo demás muy discutible y sin ninguna evidencia clara que conecte las dos cosas)

El autor está siendo deshonesto en su interpretación aquí. Antes de la frase entre paréntesis escribí que Seife asumía que “la resistencia a la aceptación del cero en occidente tuvo algo que ver con el rechazo aristotélico al vacío y el infinito“, algo muy distinto a lo que el autor me acusa sobre un “uso de la física aristotélica” que ni siquiera se encuentra ahí. Es raro, porque el autor previamente había citado el texto completo de esa cita. Acaso se le olvidó? Será que estoy discutiendo con un octogenario con Alzheimer y por eso estos groseros tropiezos en semántica? Lo dudo mucho en realidad. De cualquier forma es claro que lo que Seife asume es falso y expliqué por qué en mi publicación sobre “Incompetentes fundamentalistas” al cual el autor tan generosamente respondió, así que no es necesario volver explicarlo aquí, ni tampoco por qué pienso que su tesis no solo es discutible, sino también defectuosa.

Las citaciones de sus fuentes sobre la física aristotélica con respecto a este punto por lo tanto no tienen mucho sentido aquí, ya que prácticamente no exponen nada que contradiga con lo que dije. Seife simplemente asume que hay una conexión entre el “supuesto” rechazo del cero con el rechazo de la noción del vacío y el presunto rechazo a la idea del infinito.

Pero voy a tomarme el tiempo de responderle a la cita de su última fuente porque creo que es pertinente en la discusión;

No hay nada que debatir con respecto a que la física aristotélica era sostenida por la mayoría de filósofos en occidente como dice esta cita, y también por los filósofos naturales islámicos de los cuales hago referencia en mi publicación anterior y que, convenientemente, el autor ignora. Pero no fue en los “siglos XVI y XVII” donde se llevó a cabo una “revisión crítica de las supuestas pruebas empíricas contrarias al vacío” porque, como señalo en mi primera publicación, Juan Filópon ya estaba haciendo precisamente eso en el siglo VI en Alejandría, y Thomas Bradwardine, Richard Swineshead, Gerardus Odonis, William Heytesbury, Jean Buridan y Nicolás Oresme ya lo estaban haciendo en el siglo XIV.

A pesar de la extraña conexión que hace el autor con respecto al rechazo del vacío con la oposición al cero(en realidad lo único que hace es repetir lo que dice Seife sin que ninguno de los dos proporcione alguna prueba de lo que dicen, y lo único original del autor ateoyagnostico que le pueda conceder es implicar una “oposición religiosa” omitiendo proporcionar alguna evidencia) claramente no todos los filósofos y matemáticos medievales se adherían al “horror vacui” y este no comenzó a tener una revisión critica en los siglos XVI y XVII, como afirma la excelentísima Encyclopaedia Herder, sino que comenzó mucho antes.

Gerardus Odonis en su Commentarius in IV libros Sententiarum defendía la posibilidad de movimiento en el espacio y la existencia de otros mundos, al igual que Bradwardine, que, como menciono en mi publicación defendió la posibilidad de un vacío infinito en el espacio y también consideró el experimento mental de Filópon en el siglo VI de dos objetos de diferente peso en caída en el espacio, sin resistencia del aire, concluyendo que caerían al mismo tiempo, y yendo claramente contra las proposiciones aristotélicas, en su De causa Dei contra Pelagium et de virtute causarum. William Heytesbury contribuyó a los métodos matemáticos de la cinemática del movimiento de los cuerpos en el vacío y Richard Swineshead contribuyó en secuenciar la intensidad de la aceleración uniforme en intervalos infinitesimales mientras que el trabajo de Nicólas Oresme, quien además al igual que Odonis y Bradwardine, consideró la posibilidad de la existencia de un vacío infinito en el espacio, realizó la primer representación grafica del teorema de la velocidad media, trabajo que no habría sido posible sin la ayuda del concepto de vacío. El trabajo del ímpetus y las trayectorias parabólicas de Jean Buridan también fueron importantes en la gradual ruptura de la física Aristotélica, y Buridan, influenciado por Avicena, especuló sobre trayectorias planetarias perpetuas en un medio sin fricción eliminando los consecutivos “motores primarios” de Aristóteles aplicando su teoría del ímpetus bajo un concepto reminiscente a la inercia.

Estos trabajos no corresponden a hechos aislados como para que la “Encyclopaedia Herder” omitiera mencionarlos, ya que se diseminaron entre las universidades más importantes de la Europa Medieval; los trabajos de Buridan y Oresme en París fueron trasladados a la recientemente fundada Universidad de Viena por Alberto de Sajonia, quien además realizó la primer representación grafica de una trayectoria parabólica en su estudio sobre el ímpetus de Buridan, mientras que Pablo de Venecia llevó los trabajos de los Calculadores de Merton a la universidad de Venecia. Domingo de Soto en París terminaría estudiando las investigaciones cinemáticas de los Calculadores y Oresme en el siglo XVI desarrollando por primera vez una teoría de la caída libre de los cuerpos explicado a través del teorema de la velocidad media.

Concluyendo esta parte el autor claramente hace una deshonesta distorsión y descontextualización de mi referencia a la “discutible tesis” de Seife y cualquiera que lea la frase entera se dará cuenta de que yo no me refiero a ningún “uso de la física aristotélica” y sí a la problemática e infundada conexión que Seife hace con respecto al rechazo de la noción del vacío con una presunta oposición al cero. Esto sí que es un claro ejemplo de falacia de hombre de paja. También quiere desviar a toda costa la atención de que no se refirió a ninguna “oposición religiosa” del cero al citar solo una pequeña parte de un párrafo que sencillamente es una mediocre diatriba disfuncional y superficial de acusaciones infundadas sobre una “oposición religiosa” a un “numero infiel” por entender que este provenía de “una fe distinta” sin proporcionar exactamente nada que sustente todo eso. Esto no lo estoy inventando, son citas directas de ese mismo párrafo. Su principal fuente, Seife, lo contradice descaradamente en esta cuestión. Algo que claramente vio pero impotentemente quiso arreglar amputando una pequeña parte de un párrafo que claramente lo incrimina como un incompetente máximo.

La siguiente parte encontré algunas cosas muy peculiares con respecto a este autor. Simplemente decir que sus incoherentes intentos por apelar a hombres de paja distorsionando y descontextualizando mis argumentos y citas palidecen con respecto a la monstruosidad de sus horribles lapsus que realmente me preocuparían si no son hechos deliberadamente. Es algo que preocupa en serio.

Lo siguiente que el autor hace es citar este párrafo de mi artículo;

El autor simplemente presenta una generalización sobre un “miedo irracional” sin mencionar exactamente a qué religiosos se refiere ni tampoco se preocupa por presentar ningún ejemplo o un indicio de que Gerberto tuviera motivos religiosos en primer lugar.

Para luego preguntar y afirmar que;

¿”miedo irracional”? Ya empiezo a preguntarme si a lo mejor es que al autor de este artículo le hace falta un logopeda, o es que su “refutación” a mi artículo tiene algún sesgo. Porque, que yo sepa, lo que digo ahí es esto: “El carácter conservador hacia la filosofía aristotélica hacia la cual se había encaminado el cristianismo le impedía quitarse el tabú del cero (vacío).”

Ciertamente que este lapsus es muy extraño. De repente parece que se olvidó de que alguna vez mencionó que “Tuvieron que pasar tres siglos hasta que su utilidad prevaleciera al miedo irracional que religiosos sostenían sobre él, además de poner fin a los argumentos aristotélicos promulgados por gente como Aquino.” La cita entre comillas es sacada directamente de su publicación. Se puede entender que no se acuerde de lo que escribió hace tres años, pero es extraño que si está intentando rebatir mi respuesta a su publicación, no se haya tomado la molestia de leer lo que escribió para refrescar su frágil memoria. Tampoco se molesta en explicar con ejemplos concretos exactamente a qué se refiere con “miedo irracional”, simplemente generaliza que lo hubo. Estar en desacuerdo con una idea o que esta sea cuestionada no necesariamente implica que hubiera un “miedo irracional”. No voy a distraerme mucho en este pequeño despiste suyo, porque claramente es un obvio manotazo de ahogado para desviar la atención de su clara incompetencia a la hora de interpretar y argumentar como una persona racional. Es triste de ver realmente.

Pero más triste es lo que le sigue;

“Por lo visto hipotetizar sobre qué hubiera sucedido si hubiera predominado el conservadurismo religioso (ese que usó la cosmovisión aristotélica y se opuso a ella hasta tal punto de encarcelar a Galileo por exponer otra) al autor de este artículo le ha ofendido sobremanera, que ha tenido que emplear una falacia de hombre de paja para poder realizar una absurda reducción al absurdo, valga a redundancia. Aunque en este caso más bien diría “rebuznancia”.”

“Rebuznancia”, si es tan buen “himbeztigador” como lo es de comediante eso explicaría muchas cosas. Pero hablando en serio lo que realmente “ofende” al intelecto es que precisamente ignore que el hecho de “hipotetizar(sic) sobre qué hubiera sucedido si hubiera predominado el conservadurismo religioso” es una clara falacia presentista, y muestra claramente su ineptitud para entender cómo se realiza el estudio de la historia en realidad. La gente seria(sea o no académico y profesional) no necesita suspenderse en ucronías oníricas sobre qué hubiera pasado si tal o cuál cosa… El desarrollo de la historia no es una secuencia ordenada de hechos aislados, sino un enredo de hechos y contextos poco claros que se cruzan e interconectan entre sí y se superponen los unos a los otros y que los historiadores tienen el difícil trabajo de identificar las particularidades sin desestimar ningún detalle. Aquí “hipotetizar” sobre un “hubiera” no tiene sentido, mucho menos sobre un “conservadurismo religioso” que en realidad no ha hecho mucho por oponerse a los debates físicos y cosmológicos de la Edad Media, como claramente expuse previamente con los ejemplos de los Calculadores de Oxford y París.

Lo siguiente es algo un poco más críptico; comienza con citaciones de una fuente sobre Gerberto y Boecio luego de haber citado mi párrafo donde hablo de los trabajos sobre números arábigos y de algebra traducidos por cristianos y algunos tratados sobre algoritmos que realmente no identifico cuál sería la relevancia o qué exactamente estaría refutando, y luego sigue con que ninguna de esas cosas contrariaba nada de lo que él exponía. El párrafo mío que el cita es este;

;“Lejos de encontrarse con “la oposición religiosa” los números arábigos y los trabajos matemáticos árabes en general fueron ampliamente traducidos; la copia de Origines de Isidoro del año 992 ya contenía números indo-arábigos mientras que en el siglo XII comienzan a traducirse los trabajos de al Khwarizmi, primero por Robert de Chester traduciendo su Algebra en 1145 y luego Platón de Tivoli, Juan de Sevilla y Gerardo de Cremona traduciendo otras versiones. Los números indo-árabes ya eran explicados por Juan de Sevilla en su adaptación del Algebra y por Adelardo de Bath quien tradujo las tablas trigonométricas de al Khwarizmi. La profusión de copias de estas traducciones hacen dudar seriamente qué tan serio es el autor cuando invoca una supuesta “oposición religiosa” para señalar una supuesta oposición a la numeración arábiga y al numero 0.“

Creo que seguimos con los lapsus aquí, porque este párrafo solo contradice afirmaciones que textualmente aparecen en su publicación; por ejemplo que cuando “este número(el cero), junto con el resto de números (que le debemos a los árabes y, en este caso, estos a los indios), llegó a la Europa cristiana este se encontró con la oposición religiosa“. También dice que el “pensamiento tradicionalista y conservador veía los nuevos números como perjudiciales” y que eran “demasiado extraños e incluso mágicos” para ellos y que “las supersticiones numerológicas, arraigadas en todo monoteísmo abrahámico (y en toda religión) hicieron que los cristianos pensaran de los números árabes poseían ciertas cualidades mágicas”. Y como claramente expongo y el mismo autor cita, todo eso está muy lejos de la realidad histórica. Por lo que sí, contraria, y mucho.

Luego de esta paparruchada comienza con una aclaración bastante inocua e irrelevante de que no se hizo uso del cero en occidente “para la época de Gerbert” a pesar de que “las matemáticas árabes ya eran conocidas”, aduciendo de que se puede comprobar “leyendo cualquier artículo sobre historia, filosofía, etc”. Si alguien honesto y sin claros indicios de déficit de atención se dispone a leer lo que expuse, verá que no hago un caso sobre el cero siendo usado en occidente antes del siglo XIII. Pero viendo el grotesco despliegue de sofismo dudo mucho que el despistado autor pueda percatarse de eso. También dudo que alguna vez haya leído “cualquier articulo sobre historia, filosofia, etc”, que estuviera cualificado al menos.

Luego pregunta;

“Me puede decir, dicho charlatán, en qué momento he dicho yo que se “prohibiera”? ¿Es que hace falta prohibir por escrito algo en una sociedad para que no se haga?”

No quiero pecar de arrogante ni de insolente aquí, pero el hecho de que mencione que cuando “pongo el buscador Ctrl + F extrañamente no me salta ningún resultado con la palabra “prohibir” o “prohibición” en el texto” le debería contestar dicha pregunta. Luego pregunta si “¿…hace falta prohibir por escrito algo en una sociedad para que no se haga?” por lo que mi respuesta sería un SÍ. A pesar de que le pueda provocar alguna ulcera leer esto, la sociedad medieval se regía por leyes escritas promulgadas por autoridades seculares mientras que la autoridad papal mediante decretos y bulas promulgaba sanciones y condenas que entendía pudieran estar contra el dogma. Extrañamente no existe nada de eso con respecto al numero cero, o los números arábigos en general, ni tampoco existe ningún indicio que haga supone que estas cosas estuvieron prohibidas a pesar de no existir ninguna ley, decreto o bula escrita.

El autor luego prosigue con otra cita de Seife haciendo las mismas afirmaciones sin apoyarlas con ejemplos o fuentes que las respalden; no se preocupa de explicar específicamente “cuándo” la iglesia “fue amenazada” ni tampoco cuándo, cómo, ni por qué “se retiró a su antigua filosofía, volviendo hacia la doctrina aristotélica que la había apoyado durante tantos años”. Tampoco especifica sobre esas “objeciones del papado” del cero ni tampoco se preocupa demasiado por citar algún ejemplo. Evidentemente el autor pone toda su confianza en Seife, como si lo que dijera el periodista fuera una verdad incuestionable. Simplemente expone una cita que no proporciona nada que corrobore lo que asume y afirma, y es evidente la predilección que tiene el autor por creer todo lo que se le ponga en la mesa sin cuestionar nada si esto convalida sus convicciones personales. Se supone que eso hace un racionalista?

Menos mal que después aclara que la idea fue “cuestionada” y no “prohibida”. Pero realmente no se encuentra nada que indique que la “propia iglesia” cuestionara el cero como un numero, a pesar de que el propio Seife diga lo contrario porque, ni Seife ni el autor son capaces de proporcionar algún ejemplo especifico del rechazo del cero por motivos religiosos. Seife no es explicito en cuanto a inculpar la religión, pero parece que entretiene dicha idea. Pero el autor es bastante especifico en este punto, pero sigue sin proporcionar ninguna prueba sobre ello. Simplemente asume que hay que tomarle la palabra porque cita a un periodista que nunca tuvo un entrenamiento formal en el estudio e interpretación de la historia. Ah, y porque se hace llamar “ateoyagnostico”, supongo.

Con respecto a que “solo los religiosos realizaban copias y el uso de las matemáticas solo se daba entre ellos para razones bastante vulgares”, literalmente quema los ojos leer esto. Para el siglo XII las clases urbanas y comerciantes emergentes comenzaban a emplear maestros particulares para que enseñaran a sus hijos conocimiento practico, incluyendo matemático, para que pudieran encargarse luego del negocio familiar. Filósofos naturales como Guillermo de Conches veían esta practica con desaprobación al entender que solo les interesaba el estudio del conocimiento por propósitos mundanos y comenzaron a referirse a estos estudiantes como “garciones”, o mercenarios. Esto no impidió que las clases burguesas siguieran empleando a estos maestros para la educación de sus hijos, y para el siglo XII ya existían gremios de copistas y escribas que operaban independientemente de cualquier monasterio o institución religiosa siendo contratados por universidades y otros patrones, y para el siglo XIII la introducción del papel había reducido considerablemente el coste de la producción de libros permitiendo que surgiera una importante demanda de libros no solo entre religiosos sino también entre clases urbanas seculares. El uso del ábaco era esencial en las transacciones bancarias y en el comercio, como expliqué anteriormente el hecho de que los números arábigos y el cero hayan encontrado algo de resistencia fue por el extendido uso del ábaco en toda Europa.

Luego el autor hace una extraña interpretación(para variar) con respecto a lo siguiente. Se dispone a citar un párrafo de mi publicación donde entre otras cosas menciono las traducciones de al Khwarizmi sobre los números arábigos por parte de cristianos y los textos de Sacrobosco y Alecandre de Villedieu. Esta es la cita de dicho párrafo;

“Es extraño entonces que el autor se refiera a un “pensamiento tradicionalista y conservador” que veía “los nuevos números como perjudiciales, demasiado extraños e incluso mágicos” cuando tenemos la traducción más antigua del kitāb al-ḥisāb al-hindī en el siglo XII, en el Algoritmi de numero Indorum, y en el Liber Algoarismi, traducido por Juan de Sevilla en 1133. Uno se pregunta a qué “pensamiento tradicionalista y conservador” se referirá, cuando existen numerosas copias del De Arte Numerandi de Johannes de Sacrobosco en 1225 que fueron usadas durante un periodo de 400 años en las Universidades occidentales? Doblemente confuso son sus afirmaciones, que de nuevo, no presentan ejemplos validos de ese supuesto “rechazo” por parte del pensamiento “mágico y religioso” cuando Alexandre de Villedieu escribió su poema, Carmen de algorismo en 1225, describiendo operaciones fundamentales en íntegros usando el sistema numérico indo-árabe y describiendo el cero como un numero.”

El autor con esto concluye que “yo expongo sin darme cuenta” las “traducciones que los cristianos hicieron de las obras árabes e indias”. Válgame! ¿Cómo se supone que no me habré dado cuenta si aclaro que el primer documento que menciono en este párrafo es una traducción? Luego de esto sugiere que intento establecer “algun tipo de correlación falaz” de que los “cristianos se dedicaron a realizar copias de libros de mátemáticas árabes, ergo se usó el cero en las matemáticas cristianas”. Cualquiera con un conocimiento básico de historia medieval se dará que no estoy simplemente citando solo traducciones. El autor aquí simplemente quiere caricaturizar lo que dije como un “non sequitur” otra vez recurriendo a la falacia del hombre de paja. Claramente lo que dije no es ningún non sequitur y claramente no menciono solo “copias de libros de matemáticas árabes”.

Cualquier persona racional verá que entre los documentos que menciono en dicho párrafo está el Arte numerandi de Johannes de Sacrobosco, también conocido como el Algorismus. Como indico en el párrafo este texto fue usado en las universidades medievales para enseñar sobre los números arábigos y el numero cero durante un periodo de 400 años. Esto porque existe un gran numero de copias de dicho trabajo y se sabe que pasó por 12 ediciones en un periodo de 33 años y se mantuvo como el principal libro de texto de la materia hasta el renacimiento. Esto no es una traducción literal ni una copia de un trabajo árabe. Aquí Sacrobosco utiliza los números indo-arábigos para hacer operaciones aritméticas, incluso raíces, resaltando su importancia lo cual permitió su aceptación y popularidad en las universidades desde el siglo XIII.

En su Algorismus explica cómo construir números de orden superior como potencias de diez. Señala que el cero, o cifra, por sí solo no denota nada pero, cuando se coloca a la derecha de un dígito, resalta su valor posicional. Claramente que aquí está tratando el cero en su valor numérico y también su papel en la notación posicional. El hecho de que este trabajo fuera el principal estudio de la aritmética indo-arábiga en las universidades por varios siglos, existiendo una clara popularidad de este en la profusión de copias que existen, dista mucho de un “uso básicamente residual hasta bien llegado el renacimiento.”

Luego de hacer otra afirmación gratuita e infundada de la relación entre el cuestionamiento del vacío con el cero, concluye que “Por lo visto” yo creo “que en historia los cambios son abruptos y se realizan de un día para otro”. Extraña acusación viniendo de alguien que unos instantes antes de escribir esto dijo que “el álgebra árabe, el cero y el cuestionamiento sobre el cero no se produjo hasta el siglo XV en adelante”. Entonces, veamos si entiendo bien. Prácticamente dice que antes del siglo XV no hubo ninguna discusión sobre algebra, cero o números árabes y que todo apareció abruptamente en el siglo XV. Me estoy preocupando seriamente del estado mental de mi interlocutor aquí.

En seguida de esto cita un trabajo que habla sobra la fuente usada por Alexandre de Villedieu para su “Carmen”, en el cual fallo completamente en ver por qué debería freír espárragos aquí, ya que nunca dije que este no se basaba en el trabajo de al-Khwarizmi. Realmente no veo qué quería demostrar con esto y honestamente me gustaría que me lo explicara. Lamentablemente su último mensaje afirma que me va a “a ignorar todo comentario que haga” porque supuestamente lo he insultado. En realidad hasta ahora no creo haberlo hecho. Señalar y resaltar su incompetencia no es insulto, porque he demostrado que sus argumentos son defectuosos, sus afirmaciones infundadas inocuas, y encuentro muy incomodo sus lapsus, sus extrañas y cripticas interpretaciones de lo que escribo y su obsesión por Seife y el no cuestionar nada de lo que todas sus fuentes afirman a pesar de que muchas de estas no proporcionen nada concreto y especifico.

Luego de esto viene una eyaculación de acusaciones sobre cómo no expongo ejemplos(alguien que tenga dos dedos de frente verá que lo hago) y que en su oligofrénica hermenéutica a mis argumentos concluye que cuando lo hago estos no sirvan. Cree que decirle a él que es un fundamentalista irracional es un insulto. Lamentablemente, ojala fuera el caso. La realidad es que sí es un fundamentalista, y bastante extraño por cierto. Lejos de cuestionar sus propias fuentes, toma su palabra sin analizar rigurosamente lo que dicen y si están o no apoyadas en evidencia. Luego hace una seguidilla de interpretaciones mal hechas de mis argumentos y construye una secuencia de hombres de paja para poder debatir “tranquilamente”. Alguien que antepone sus convicciones a la evidencia es una persona irracional, y fundamentalista. Lo lamento si le duele saber esto. Pero hasta el momento no me ha impresionado mucho la verdad.

También veo que tiene una predilección por citar personas sin ningún tipo de entrenamiento en el campo de estudio de la historia, solo porque hacen afirmaciones que el autor encuentra en línea con sus convicciones, pero que lamentablemente no las cuestiona en absoluto, como cuando cita a un tal Richard Webb, ejecutivo de una revista(New Scientist) hablando de lo que él le gustaría escuchar sobre la historia del cero en occidente; indiferencia, miopía, miedo y frenos. Lamentablemente, como en el caso de Seife, el autor de la publicación no le interesa cuestionar ese enunciado, ni ningún otro, siempre y cuando digan lo que quiera escuchar.

Es gracioso además que niegue que tiene algún tipo de sesgo de confirmación luego de decir que han “aparecido sin conocerme y sin haberme leído, autores para darme la razón”, realmente triste. Claramente “Ateoyagnostico” se debe estar felicitando a sí mismo por saber buscar por google opiniones parecidas a las suyas, sin poner ningún esfuerzo por ponerlas a prueba. Para qué, verdad? Las evidencias son para LOSERS. Invocar el “argumento ad populum ” con evidencia selectiva no hace menos aparatoso y grotesco todo esto, en realidad, sigue sin proporcionar ninguna prueba.

Después de todo esto sigue haciendo afirmaciones todavía más elocuentes. El hecho que considere que Nicolás de Cusa tuvo menos relevancia que Bruno en su época es realmente triste, porque demuestra claramente que estoy ante un fundamentalista. Alguien que fue Cardenal y Legado Papal, cuya influencia se sintió durante el resto del siglo XV y XVI para que después el propio Kepler utilizara su “ley de continuidad” está muy lejos de ser “poco relevante”. Pero vaya uno a saber exactamente qué refuta eso con respecto a su torpe ejemplo de Bruno siendo ejecutado por sostener el infinito, ya que, como dije, ni Gerardus Odonis, ni Thomas Bradwardine, Nicolás de Cusa, Nicolás Oresme, Guillermus Vorrilong, Battista Benedetti ni Francesco Patrizi fueron criticados, excomulgados y ejecutados por sostener la idea del infinito.

Me parece muy bien que tenga predilección por citar enciclopedias online, como hace con la Brittanica, en este caso, para demostrarme que Aristóteles se oponía a un concepto de espacio infinito y que Bruno era “la persona más notable” en apoyar esta idea, llamándolo incluso algo que nunca fue; “matemático”. Sostener lo que él consideraba mathesis no era ser matemático. Bruno nunca entendió la geometría del Revolutionibus y trataba a este como un libro religioso más que nada. Pero volviendo al punto lo que el autor no se percata es que la entrada se centra simplemente en el aspecto científico y matemático del cosmos y no en la historia de la aceptación del infinito, al cual solo le dedica un par de párrafos para ir a lo importante, formulas matemáticas. Obviamente que Bruno hoy tiene más “nombre” por así decirlo gracias al mediocre segmento de Cosmos. Hoy mucha gente lo tiene como un gran científico revolucionario, sin importarle mucho saber que en realidad fue un simple mago fracasado con ideas extravagantes y poco científicas que dedicaba su tiempo a insultar a otros filósofos y matemáticos por no adherirse a su numerología y su cosmología.

La famosa escena de la audiencia en Oxford por ejemplo, en el segmento de Cosmos lo tiene a Bruno siendo echado a frutazos luego de exponer su idea del universo infinito, siendo acusado de no haber leído a Aristóteles o la Biblia. La realidad es mucho menos pintoresca en cambio; Bruno en realidad se dispuso a recitar su defensa del modelo copernicano, modelo que los maestros de Oxford ya debían conocer perfectamente a esa altura, cuando uno de los maestros se percató que lo que decía Bruno no cuadraba con el trabajo de Copérnico y, produciendo una copia del De vita coelitùs comparanda, un libro de magia hermética y neoplatónica de Marsilio Ficino, demostró que Bruno en realidad estaba recitando letra por letra un libro de magia para defender el heliocentrismo copernicano. Lejos de tirarle fruta los maestros invitaron a Bruno a irse después de tal despliegue del ridículo.

La respuesta del autor concluye en una muy baja nota de acusaciones y supuestas omisiones de ejemplos y evidencia de mi publicación. Sin embargo no señala exactamente qué omito. Es realmente triste ver esta clase de sofismo de feria de alguien que parece tener un considerable numero de seguidores. No quiero cerrar sin antes señalar la extraña sensación que me dio al leer sus incoherentes eyaculaciones, su completa distorsión de mis argumentos, sus lapsus, y su increíble incompetencia a la hora de juzgar sus propias fuentes. Es realmente alarmante que payasos como este se quieran poner el traje de “racionalistas” jugar a ser Voltaire en Internet. No sé a qué nivel de fracaso uno puede llegar a ese punto, de pretender ser alguien que no lo es. Es realmente triste, y preocupante.

UPDATE!

En lugar de responder mi completa exposición de su fallida y obsoleta lógica Ateoyagnostico decide acudir a su “comunidad” de Twitter para buscar apoyo moral y confirmación de sus propios sesgos. Realmente triste. Ninguno de los que nombra en ese tuit por cierto tienen alguna relación con el estudio de la historia y sus opiniones son tan validas como las de cualquier chofer de taxi. Lamentable el estado de algunos “ateos” a la hora de argumentar. Por suerte los fundamentalistas religiosos no son mejores, porque depender de estos paletos para llevar la bandera del “racionalismo” morimos fusilados todos…

Sobre Infinitos, Cero, Números, Ábacos y una guía de cómo simplemente no ser un fundamentalista incompetente

Quedó muy claro el virulento desprecio y odio que este autor tiene contra el cristianismo, pero es también evidente que ese odio irracional no le permite hacer una lectura rigurosa e imparcial de la historia y en su lugar apela al sesgo de confirmación con interpretaciones generalizadas y erróneas sobre una supuesta “oposición religiosa” al numero 0 y al sistema numérico indo-arábigo en general, sin mencionar ejemplos validos. Presenta generalizaciones y suposiciones como si fueran verdades sin dar ejemplos que convaliden dichas generalizaciones. También hace una interpretación personal de lo que cree, presentándolo como hechos. En definitiva, un artículo cuyo motor es la emoción del autor y no al análisis critico de la historia solo para hacer un discurso anticlerical/antirreligioso.

A pesar de citar el trabajo de Seife y una cita de él mismo asumiendo que la resistencia a la aceptación del cero en occidente tuvo algo que ver con el rechazo aristotélico al vacío y el infinito(una tesis por lo demás muy discutible y sin ninguna evidencia clara que conecte las dos cosas), el propio Seife admite que la versión del sistema numérico que Gerberto aprendió no tenía ningún cero; “He probably learned about the numerals during a visit to Spain and brought them back with him when he returned to Italy. But the version he learned did not have a zero.”(Seife, Charles (2000). Zero: The Biography of a Dangerous Idea.) no por nada que tenga que ver con que “la religión le hacía un freno”. Así que no tengo idea de dónde concluye el autor del artículo que Gerberto no incluyó el cero por un “miedo irracional que religiosos sostenían sobre él”, si supuestamente se basa en el trabajo de Seife. Es como si no lo hubiera leído nunca. El autor simplemente presenta una generalización sobre un” miedo irracional” sin mencionar exactamente a qué religiosos se refiere ni tampoco se preocupa por presentar ningún ejemplo o un indicio de que Gerberto tuviera motivos religiosos en primer lugar.

El artículo comienza además con una clara señal de presentismo. Cómo nos imaginamos haciendo operaciones con números romanos? Qué clase de aberración es esa? Claramente que los romanos eran idiotas y no sabían realizar aritmética de forma sencilla como nosotros, los semidioses del presente que dominamos el sistema decimal indo-arábigo. Tampoco conocían el sistema binario para programar sistemas operativos, JA! idiotas. La realidad es que esta lógica es presentista e irracional. Los romanos sabían hacer operaciones matemáticas tan bien como nosotros, pero con diferentes algoritmos. Nosotros tuvimos que pasar años aprendiendo nuestros propios algoritmos en nuestras escuelas para realizar operaciones matemáticas como la multiplicación o la división. Pero además de eso, los romanos preferían hacer sus operaciones con el ábaco, al igual que los cristianos.

Lejos de encontrarse con “la oposición religiosa” los números arábigos y los trabajos matemáticos árabes en general fueron ampliamente traducidos; la copia de Origines de Isidoro del año 992 ya contenía números indo-arábigos mientras que en el siglo XII comienzan a traducirse los trabajos de al Khwarizmi, primero por Robert de Chester traduciendo su Algebra en 1145 y luego Platón de Tivoli, Juan de Sevilla y Gerardo de Cremona traduciendo otras versiones. Los números indo-árabes ya eran explicados por Juan de Sevilla en su adaptación del Algebra y por Adelardo de Bath quien tradujo las tablas trigonométricas de al Khwarizmi. La profusión de copias de estas traducciones hacen dudar seriamente qué tan serio es el autor cuando invoca una supuesta “oposición religiosa” para señalar una supuesta oposición a la numeración arábiga y al numero 0. (Cuando pongo el buscador Ctrl + F extrañamente no me salta ningún resultado con la palabra “prohibir” o “prohibición” en el texto. Es como si el autor se diera cuenta que no existe ningún documento oficial o bula que prohibiera el uso del cero y de los números arábigos y tuviera que depender de conjeturas y generalizaciones infundadas para sostener su narrativa.)

Es extraño entonces que el autor se refiera a un “pensamiento tradicionalista y conservador” que veía “los nuevos números como perjudiciales, demasiado extraños e incluso mágicos” cuando tenemos la traducción más antigua del kitāb al-ḥisāb al-hindī en el siglo XII, en el Algoritmi de numero Indorum, y en el Liber Algoarismi, traducido por Juan de Sevilla en 1133. Uno se pregunta a qué “pensamiento tradicionalista y conservador” se referirá, cuando existen numerosas copias del De Arte Numerandi de Johannes de Sacrobosco en 1225 que fueron usadas durante un periodo de 400 años en las Universidades occidentales? Doblemente confuso son sus afirmaciones, que de nuevo, no presentan ejemplos validos de ese supuesto “rechazo” por parte del pensamiento “mágico y religioso” cuando Alexandre de Villedieu escribió su poema, Carmen de algorismo en 1225, describiendo operaciones fundamentales en íntegros usando el sistema numérico indo-árabe y describiendo el cero como un numero.

El autor si no fuera un fundamentalista irracional que recurre constantemente a las generalizaciones de falacia nominal, ya se hubiera dado cuenta a esta altura que la resistencia al numero cero, si es que se puede hablar de una, y de los números indo-arábigos en particular, no tiene nada que ver con religión, aunque si acertó en algo sobre “pensamientos tradicionalistas y conservadores”. El ábaco como instrumento de cálculo era usado desde tiempos antiguos en Occidente y una sociedad comercial establecida por medio de este instrumento difícilmente pudiera aceptar abandonar rápidamente un sistema que conocían de memoria por otro muy distinto; en 1299 el gremio de banqueros de Florencia prohibió el uso de los números arábigos porque entendían que los algoritmos hacían ver redundantes las operaciones en el ábaco, y no porque hayan sido vistos como “anatema”, “herejía”, “magia” o “contra la tradición” como esa extraña anécdota ficticia de Joaquín Collantes(quien quiera que sea este) afirma. No sé realmente qué clase de “ateo” sea el autor del artículo, pero claramente no es uno que se rige por ningún razonamiento lógico.

Giordano Bruno y el “infinito”

Otro gran ejemplo del llamado “sesgo de confirmación” está claramente en esta afirmación; “A esto se le sumaban las implicaciones que esto conllevaba: como el infinito (motivo por el cual se criticó, excomulgó y finalmente ejecutó a Giordano Bruno incluso varios siglos después).”

Pensar que a un mago hermético quien propuso entre otras cosas que las estrellas eran ángeles, que la tierra tenía un espíritu sensitivo y racional, que se podía invocar fuerzas astrales y demonios por medio de la geomancia, que las almas podían transmigrar, que negaba la hipostasis del hijo, afirmaba que María no era virgen y que Jesús era un mago y negaba la transubstanciación, pudo haber sido criticado, excomulgado y ejecutado solo por el motivo del infinito, muestra claramente lo poco que le interesó al autor en investigar un poco más el asunto.

No voy a asumir que el autor es un idiota, porque dudo mucho que, al haber citado a Bruno como su “ejemplo”, desconozca el trabajo de Nicolás de Cusa, el teólogo medieval que planteó la idea de un universo infinito con múltiples mundos habitables en su De docta ignorantia, el cual el propio Bruno se influyó para crear su cosmología hermética. Pero si estoy casi seguro que su omisión es claramente deliberada, ya que mencionarlo hubiera derrumbado su pequeño “ejemplo”. Cusanus no se le “criticó”, tampoco se le “excomulgó” ni mucho menos se le ejecutó; en cambio fue promovido a Cardenal y luego a Legado de los Estados Papales, segundo en el rango de autoridad después del Papa. Al mismo tiempo que Cusanus, el teólogo Guillermus Vorrilong planteaba la misma idea de un universo infinito con múltiples mundos y cómo sus habitantes pudieron librarse del pecado original al no ser descendientes de Adán. Estás ideas claramente fueron planteadas sin ninguna consecuencia para estos dos teólogos. Un siglo antes Thomas Bradwardine, quien especulaba sobre la existencia del vacío y cómo este medio afectaría la trayectoria de la caída de dos cuerpos de diferente peso, al igual que hizo Filópon en el siglo VI, en su De causa Dei contra Pelagium et de virtute causarum plantea la idea de que el espacio era un vacío infinito y que Dios creó otros mundos a los cuales gobernaba al igual que este. Bradwardine lejos de ser castigado por el “miedo irracional de los religiosos”, fue ordenado arzobispo de Canterbury.

No voy a negar que existe la posibilidad de que defender la idea de un universo infinito pudo haber estado entre los motivos por los que la inquisición comenzó a interesarse en Bruno, ya que como muestra la historia las posturas de la Iglesia solían cambiar con respecto a ciertas ideas o doctrinas, sobretodo durante el contexto de las reformas y contrarreformas; tener a un mago errático proponiendo ideas extrañas sobre la venida de una reforma “egipcia” claramente no era algo que consideraran bueno. Pero nada indica que fuera el único motivo, o el más importante, como afirma el autor. De hecho, de ser uno de los motivos este solo puede ser considerado en el contexto de las proposiciones místicas de reforma de Bruno, mientras que las proposiciones teológicas que ha hecho eran bastante “escandalosas” en sí, como para que las autoridades se interesaran en ese único motivo. Giovanni Battista Benedetti por otro lado publicó su “Diversarum speculationum mathematicarum et physicarum liber” en 1585, defendiendo el heliocentrismo en un cosmos infinito sin consecuencias, lo mismo que Francesco Patrizi, que a pesar de no estar de acuerdo con la teoría copernicana defendió la idea de un espacio infinito en su Nova de universi philosophia de 1591.

El infinito castigado y rechazado?

Claramente que el autor no midió bien su ejemplo. Porque se puede hacer un caso, mal o bien, del rechazo a la existencia del vacío(por motivos ajenos a la religión), pero afirmar que no se podía especular sobre el infinito porque sino terminabas como Bruno es sencillamente ridículo(aquí creo que debería referirme al planteo inocuo de Charles Seife en realidad, y no al pobre autor del artículo que solo repite lo que dice con otras palabras).

De acuerdo a Seife las ideas del vacío y el infinito “entraban en conflicto con las creencias filosóficas fundamentales de occidente” y que “acabarían por destruir la filosofía aristotélica”. El vacío era negado por Aristóteles, de acuerdo, pero “el infinito”? Aristóteles, y los filósofos escolásticos SI aceptaban la existencia potencial del infinito, y en consecuencia de los infinitesimales, contrario a la corriente pitagórica que no aceptaba la inconmensurabilidad ni la idea de los antiguos atomistas que consideraban el átomo “indivisible”. Zenón rechazaba la existencia, potencial y actual de los infinitesimales y el atomismo de Demócrito no daba lugar a la inconmensurabilidad. Aristóteles rechaza esa tradición al establecer una dialéctica que explicara la naturaleza potencial de los infinitesimales, pero serían los escolásticos cristianos quienes avanzarían unos pasos más a este razonamiento. Algunos cristianos medievales como Isidoro de Sevilla y Beda, influenciados por el trabajo enciclopédico de Capela, aceptaban los indivisibles de Leucipo y Demócrito, así como también Robert Grosseteste, Walter Burley y Henry Goethals. Otros en cambio sostenían la realidad de los inconmensurables, como es el caso de Duns Scotus, Guillermo de Ockham, Alberto de Sajonia y Gregorio de Rimini.

Aristóteles no consideraba que las magnitudes continuas estuvieran compuestas de puntos infinitos, pero consideraba absurda una división final, por lo que aceptaba la realidad potencial de los infinitesimales. El rechazo de los indivisibles “átomos” llevó a que se deliberara sobre los infinitesimales y su papel en la variación uniforme; Swineshead utiliza las fracciones para expresar secuencias infinitas en intervalos de una aceleración uniforme en su Liber calculationum latitudo difformis para encontrar la “intensidad media” en el siglo XIV. Esta variación luego sería expresada de forma geométrica por Nicolás Oresme, que por cierto, establecía que la representación de un cuerpo con aceleración uniforme empezando en intensidad cero, sería representado por un triángulo rectángulo. Más tarde el propio Nicolás de Cusa influenciado por Arquímedes aplicaría lo que se conocería como “Ley de continuidad” al tratar al círculo como un polígono de infinitos lados al cual se podía dividir en infinitos triángulos, método que utilizaría Simon Stevin y Kepler luego.

Por qué los cristianos rechazaron el concepto de vacío?

De la misma forma que los griegos y romanos no lo aceptaban, por simple tradición. No se puede automáticamente asumir que la religión tuvo algo que ver, por más que el autor intente hacer parecer que así lo fue. Sin embargo que no se aceptara no quiere decir que no se pudiera plantear; Aristóteles asumía que la velocidad era inversamente proporcional a la densidad del medio, por lo que bajo este razonamiento un cuerpo en movimiento en un medio vacío tendría una velocidad infinita, algo que consideraba absurdo. El filosofo cristiano Juan Filópon sin embargo en el siglo VI ya refutaba algunos postulados aristotélicos, como por ejemplo que la velocidad de un cuerpo en caída no dependía del peso, como lo demostró dejando caer dos objetos de diferente peso y señalando que no había una notoria diferencia en el tiempo de impacto de la caída. Filópon no tuvo inconvenientes tampoco en imaginar un cuerpo en caída en un medio vacío sin que este llegue a una velocidad infinita.

No hay ninguna conexión entre este concepto y la presunta resistencia por aceptar el numero cero. Ni Seife, ni el autor del artículo presentan ejemplos convincentes, y el propio autor admite que para el siglo XIII los filósofos cristianos ya estaban especulando sobre esta, y otras ideas.

Además, los propios filósofos islámicos rechazaban la idea de un espacio vacío precisamente por los mismos motivos que los hacían los cristianos; el conservadurismo con respecto a las proposiciones aristotélicas. Esto parece habérsele escapado al autor del artículo(y por lo tanto, a Seife), pero los árabes rechazaban la propuesta alternativa de Fílópon con respecto a la existencia del vacío. Para los filósofos naturales, la existencia de un vacío era físicamente imposible y conceptualmente incoherente; al-Kindi, Al-Farabi y Averroes rechazaban la existencia del vacío mientras que Al-Bīrūnī y Avicena la defendían. Al igual que los cristianos en occidente los árabes tenían una disparidad de opiniones y planteamientos que no necesariamente implican “persecución”, “opresión” o “prohibición”. Estar en contra de una idea y expresarlo no es ser “retrogrado” o no necesariamente implica que la “religión” esté involucrada. El intercambio de ideas lleva a discusiones, disentimientos e incluso fuertes intercambios de palabras y rechazos y condenas verbales. Es bien sabido que William de Malmesbury no guardaba ningún cariño por los árabes, describiendo el sistema numérico arábigo expuesto por Adelardo de Bath como una “peligrosa magia sarracena”, esto no impidió que esta “magia sarracena” se estudiara en las Universidades medievales con los textos de Sacrobosco o que Gerardo de Cremona tradujera del árabe cerca de 80 trabajos, incluyendo el Almagesto de Ptolomeo.

Es triste ver como autoproclamados ateos como el autor de la nota caen en fundamentalismos y falacias solo para convalidar algún punto, cuando en realidad tendríamos que dar el ejemplo y llevarnos por el rigor critico y la lógica. Creo que me tomé el tiempo de refutar su pobre exposición de la historia del cero y los números en occidente porque me parece que como ateo debo pregonar por el razonamiento y la lógica, y no como el compañero ateo escritor aquí que lo único que hizo fue exponer una narrativa completamente distorsionada de la historia, exponiendo claramente su preferencia en anteponer sus convicciones personales a la evidencia.

Falsos Instrumentos de Tortura atribuidos a la Inquisición

Los museos de la tortura son muy famosos, y reciben mucho apoyo no solo de ONGs, sino también financiamiento público en muchos lugares, sin dudas para explotar de alguna forma la morbosa demanda de turistas que viajaron para ver la famosa “pera vaginal“, la “cuna de Judas” o la “Dama de hierro“. Se ve mucha indignación en comentarios relacionados a artículos de internet o memes sobre dichos instrumentos y quienes presuntamente lo usaron. Pero claramente esta “indignación”, fundamentada por un sentimiento anticlerical sin lugar a dudas, no es más que el revestimiento de un deseo morboso por creer ciegamente de que estos aparatos realmente existieron. Cómo se puede negar que haya existido la “horquilla del hereje” o la famosa “pera”, si son exhibidos en lugares que se dicen llamar “museos”(!)? Claro, el término “museo” denota un aire académico, de profesionalidad. Pero en realidad lo que se trata es que estos “museos” no son otra cosa que la continuación de una antigua práctica de exhibición morbosa que nace en los famosos freak shows tan en boga a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Los “museos” fueron parte de ese fenómeno y parten directamente de los “gabinetes de curiosidades”. De hecho muchos de los instrumentos que se presentan en los “museos” presuntamente son “medievales” pero en realidad no resultan ser más que falsificaciones que no se remontan más allá del siglo XIX. En los “museos” donde son exhibidos se carece de evidencia arqueológica o documental que ayude a identificar y trazar los antecedentes de los supuestos instrumentos.

A pesar de eso paginas de interés general, memes e incluso los medios de entretenimiento, llámese libros o películas o series de Hollywood, no les interesa mucho el rigor histórico a la hora de hablar de sangre, descuartizamientos, dolor y morbo. Todo sea por esos tan anhelados likes, esas jugosas monetizaciones en base a visitas y publicidad, los ratings, las recaudaciones, estar en la lista de “best sellers”. A las personas en general no les interesa analizar lo poco practico que resultaban ser los instrumentos y métodos de Jigsaw, simplemente quieren anestesiarse con las tripas que saltan, los chorros de sangre, miembros amputados y piel y carne colgando. Me imagino que mucha gente que va a ver estos “museos de la tortura” les provoca el mismo deseo imaginarse una pera metálica de groseras dimensiones introducirse a alguien, en cualquier lado que sea, y abrirse. Luego vendrán las recriminaciones contra la monstruosa inquisición que implementó estos instrumentos. Pero la realidad lo que los empuja a creer en dichos aparatos no es el rigor critico, ni la lógica, simplemente un deseo morboso de querer que esto haya pasado de verdad y se haya usado para lastimar gente. Alguien dijo hipócritas?

El teólogo protestante Philipp van Limborch fue extremadamente crítico de la Iglesia en el siglo XVII, sin embargo no existe mención alguna de instrumentos de tortura como la “pera” o “la cuna” en su Philippi a Limborch Historia inquisitionis: cui subjungitur liber sententiarum inquisitionis tholosanae ab anno Christi MCCCVII ad annum MCCCXXIII, extraño teniendo en cuenta que dichos instrumentos hubieran sido una excelente excusa retórica para hacer propaganda contra los católicos y la inquisición. El fin de este texto no es negar que existieron instrumentos de tortura ni tampoco la tortura per se, como claramente se muestra en el famoso Malleus Maleficarum o en la obra del teólogo dominico Cesare Eliseo Masini, Sacro Arsenale, pero incluso en estos textos no hay ninguna referencia a los famosos “instrumentos”. Tampoco las hay en el diario de Franz Schmidt, un verdugo y torturador de Baviera del siglo XVI y XVII. Tampoco se mencionan en los manuales inquisitorios o en registros civiles de la época. No existe ninguna referencia en el trabajo anticlerical de Henry Charles Lea, A history of the Inquisition of the Middle Ages de 1887 sobre estos supuestos instrumentos.

No es de extrañar entonces, que la única “fuente principal” de muchos de estos instrumentos haya sido escrita en el siglo XX, más precisamente en la década de los 80; “Catalog of the exhibition of torture instruments, 1400-1800: in the Casermetta di Forte Belvedere, Florence, from May 14 to mid-September, 1983” escrito por un tal Robert Held, Tabatha Catte y Tobia Delmolino. Los famosos “museos” citan el trabajo de estos “académicos?” como si fuera una autoridad seria. La realidad es que, además de que el libro no posee una bibliografía que cite documentos o evidencias de estos instrumentos, es el único trabajo en el que varios de estos instrumentos en realidad aparecen, y de los autores, casi nada se sabe. Hollywood ha ayudado y ha alimentado el mito de los famosos “instrumentos medievales de tortura” y ha ayudado a revitalizar el negocio lucrativo del morbo de estos “museos” que lamentablemente reciben muchos visitantes. Pero lo mejor sería ya comenzar a desmontar los bulos más notorios de estos “museos”.

La Pera

La “poire d’angoisse”, la pera de la angustia o la pera vaginal, según Wikipedia en español(ciertamente no una gran plataforma de rigorismo historiográfico) fue un instrumento de la Edad Media usado por la Santa Inquisición. Presuntamente el artefacto se introducía en la cavidad vaginal, oral o anal según el delito del torturado. Una vez dentro, la pera por medio de un tornillo o manivela iba abriéndose, produciendo severos desgarros. Algunos despistados dirán; “así que, si lo dice la wiki debe ser cierto! Toma eso maldito creyente”(soy ateo en realidad, pero bueno). Sin embargo, la wiki en inglés al menos muestra un poco más de escepticismo al señalar y citar fuentes que disputan completamente la veracidad del instrumento, mientras que la wiki en francés desde el vamos dice que el instrumento es falso. Cuál es la verdad de la famosa “pera” entonces? No existe ninguna referencia de dicho instrumento en ninguna de las fuentes en donde supuestamente se debería mencionar, como por ejemplo el diario del verdugo Franz Schidt o en el Arsenal Sagrado de Masini. Tampoco se menciona en documentos médicos o enciclopedias. El instrumento es sencillamente falso. Las presuntas “réplicas” presentadas en los famosos museos son en realidad falsificaciones originales del siglo XIX. El “instrumento” más antiguo data desde el año 1800 y fue catalogado en 1856.

El verdadero origen del mito, proviene del siglo XVII, y es mencionado por primera vez por François de Calvi en su L’Inventaire général de l’histoire des larrons, que se traduce como el “Inventario general de la historia de los ladrones”. Según Calvi, un ladrón de Toulouse llamado Palioli inventó una pera metálica que se introducía oralmente en la víctimas con el fin de silenciarlas. Existe una referencia mucho más antigua, y proviene del poeta francés François Villon, del siglo XV, quien en una referencia irónica al obispo de Orleans, quien lo encarceló, agradece que por él “comió muchas peras de la angustia”. Esta expresión no se refiere a un supuesto instrumento, sino a un dicho muy famoso en aquellos tiempos. En una nota de la edición del trabajo de Villon de 1742 dice que la expresión significa “pasar gran desesperación, en triste aflicción”. Mientras que el Dictionnaire Historique de Alain Rey de 1998 data la expresión en el siglo XV y según él significa “padecer gran disgusto”. La pera tenía un simbolismo especial desde la antigüedad cuando Homero las identifica como un “regalo de los dioses” y era un ingrediente popular en la cocina francesa medieval del siglo XV. Sin dudas la expresión era usada de forma irónica en ese tiempo. Al ver esto es obvio de dónde se obtuvo la inspiración para fabricar la grotesca pera vaginal; de un presunto invento para silenciar víctimas de un ladrón que ni siquiera se sabe si de verdad existió, y de una expresión popular usada en la Edad Media para denotar malestar o disgusto. La wiki en español necesita una seria edición.

La doncella de Hierro

Ciertamente el fetiche favorito de los “museos” y de muchos entusiastas del horror gótico también, la famosa “doncella” no resulta ser más que una falsificación del siglo XIX. La descripción de los museos de este instrumento usualmente comienza así; “La historia de la tortura recuerda muchos artefactos que operaban con el principio del sarcófago antropomórfico de dos puertas y con púas en el interior que penetraban, con el cierre de las puertas, en el cuerpo de la víctima. El ejemplo más famoso es la llamada “Doncella de Hierro” [die eiserne Jungfrau] del Castillo de Nuremberg, que fue destruido por los bombardeos de 1944.” En realidad, incluso la destruida en 1944 no corresponde más que a una falsificación que no data más allá del 1840. La primer mención oficial que se tiene registro data del año 1793, y proviene del filósofo alemán Johann Philipp Siebenkees, quien dice que la Doncella era usada en el siglo XVI. Sin embargo no se encuentra ninguna referencia de la Doncella en dicho periodo, y unas décadas más tarde es casualmente exhibida en Nuremberg; un ataúd antropomórfico, completamente de metal, de 210 cm de alto y 90 cm de ancho, por lo que es lo suficientemente grande para contener a un hombre adulto. Las púas de metal crean el “mordisco en el estómago” adecuado para los visitantes, quienes las imaginan penetrando las extremidades de un ser humano.

Algunas personas no cayeron en el engaño y notaron la poca importancia histórica que tenía la Doncella. En Notes and Queries (Oxford University Press, 1893. P. 354), J. Ichenhauser define a la Doncella de Hierro como “… sin interés para historiadores y anticuarios”. Esto fue 52 años antes del bombardeo aliado que nos privó de esta pieza de poco valor. En el 2001, Klaus Graf, uno de los archivistas alemanes más importantes escribió un artículo en que define a la Doncella como una “ficción del siglo XIX” que deriva de otra forma de castigo un poco menos extravagante. Los “Schandmantel”, que se traducen como “barriles de la vergüenza”, eran barriles que las autoridades civiles obligaban a usar a prostitutas como forma de impartir humillación pública a estas. De acuerdo con Graf, la Doncella no corresponde más que a un “Schandmantel” con rostro y modificado para inspirar morbo en la gente. De nuevo, no hay ninguna mención de esta “Doncella” en el diario de Franz Schmidt, o en documentos de torturadores y verdugos medievales y renacentistas, o en los manuales inquisitoriales, o en documentos de tribunales seculares o eclesiásticos. El instrumento simplemente no existía previo al siglo XIX.

La horquilla del hereje

Este instrumento es mencionado por primera vez en el historiográficamente incompetente y sensacionalista trabajo de Robert Held “Catalog of the exhibition of torture instruments, 1400-1800” de 1985. También es mencionado por un tal Carlo Havas en un volumen de nula validez llamado “The History of Inquisition”. Ninguno de los trabajos menciona una fuente o evidencia sobre el uso de este instrumento por la inquisición, o por ninguna otra autoridad del periodo medieval y renacentista. La Forcella dell’Eretico se presenta como una horquilla doble atada al cuello, con las puntas apuntando debajo del mentón y el pecho. También en este caso, ningún libro, de los comúnmente conocidos como “manuales de la Inquisición”, habla de este instrumento. Desde “Malleus Maleficarum” al “Arsenal Sagrado” de Eliseo Masini, a la obra anticlerical de Henry Charles Lea “Una historia de la Inquisición de la Edad Media” y la “Historia de la Inquisición” de Tamburini, nadie menciona un dispositivo remotamente similar a la Horquilla del Hereje. La falsificación posiblemente fue construida en base a las descripciones de Havas en su libro.

La silla inquisitorial

La mera idea de que los inquisidores estuvieran dispuestos a gastar enormes sumas de dinero para fabricar tal objeto es grotesca; la cantidad de metal utilizado, y la presencia de clavos producidos en serie sugieren una fabricación muy moderna. Al menos se sospecha que las primeras reproducciones de la Silla Inquisitorial son del siglo XX, o mejor dicho, más precisamente, del último cuarto del siglo pasado. Por supuesto, no existe ninguna mención por ningún lado de esta cosa, ni de ninguna fuente del siglo XIII al XVIII. La primer mención proviene de un trabajo de 1880, “Geschichte der Hexen und Hexenprozesse“, de nuevo sin ninguna referencia o fuente a esta. El inevitable Robert Held la vuelve a mencionar un siglo más tarde, y luego de la publicación de este libro, milagrosamente aparecen las primeras reconstrucciones en la década de los 80.

La cuna de Judas

No debe sorprender a nadie a esta altura de dónde proviene la primer mención de la “Cuna”; “Catalog of the exhibition of torture instruments, 1400-1800: in the Casermetta di Forte Belvedere, Florence, from May 14 to mid-September, 1983”. La wiki en alemán y en italiano al menos mencionan que este instrumento es falso. Pero, y la famosa imagen que siempre está asociada al instrumento, de dónde sale? La imagen probablemente provenga de una edición de la obra de Battista Scarnaroli, “De visitatione carceratorum (1655)” y no tiene nada que ver con ninguna “Cuna”, sino con otro método de tortura y castigo menos “sexual” usado en las cárceles romanas conocido como la “Vigilia“. Contrario a la descripción común de la “Cuna”, la “Vigilia” era en realidad una piedra en forma de diamante con una parte superior lo suficientemente ancha como para permitir al reo sentarse. Scarnaroli específica que se debía evitar lastimar al reo y una vez terminada la Vigilia, que duraba por lo menos hasta 6 horas se recomendaba, posteriormente, mantener caliente al presunto delincuente y alimentarlo con huevos y caldo de pollo por el frío sufrido por las horas que pasó desnudo en el taburete.

Otros instrumentos que se le atribuye a la inquisición son el toro de Falaris, el aplasta cabezas, la rueda o el potro. La realidad es que el primero no existen documentos que verifique su existencia en el periodo medieval cuando la inquisición operó o incluso en el periodo moderno. No existe tampoco mención alguna del aplasta cabezas en las fuentes sobre la inquisición. La rueda fue usada por algunas cortes civiles pero no hay pruebas que haya sido empleada por los inquisidores y el potro es un instrumento que rara vez se usaba.

Quizás se esté preguntando, en este punto, cuáles fueron las verdaderas herramientas de tortura de la Inquisición romana. Existe una parte del capítulo dedicado a la tortura por Eliseo Masini en el Sacro Arsenale (1621). De este y otros volúmenes se desprende que la tortura más practicada fue la de la “cuerda”, “Garrucha” (o “Strappado”), mientras que para quienes no podían soportarla por problemas físicos, podían ser sometidos a (muy dolorosos) azotes con palos de madera en las palmas o plantas de los pies. Entre otras cosas, pocos saben que la confesión bajo tortura debía ser confirmada veinticuatro horas después, de lo contrario seguía siendo inaceptable. Y que, por ejemplo, la Garrucha se usaba para evitar el derramamiento de sangre, ya que era una de las prohibiciones más estrictas entre las que pesaban sobre el inquisidor. Inevitablemente existían excesos entre los magistrados inquisitoriales, pero contrario a la creencia popular, la tortura era un recurso poco usado por la inquisición.

Estos son solo algunos de muchas falsificaciones que existen y son exhibidos como “reales” por los museos de la tortura. Ciertamente me faltaron algunos mas, pero mi intención es que la idea general se entienda. La mayoría de los instrumentos presentados por estos museos son falsos. Robert Held, y los famosos “museos” no son más que oportunistas que lucran con los instintos más básicos de las personas para obtener ganancias, y a su vez estos museos son tolerados porque resultan producir una más que aceptable ganancia para los pueblos o ciudades en las que están, incluso recibiendo subsidios públicos del dinero de contribuyentes. Si tienen la curiosidad de visitar uno de estos museos haganlo con la idea de que lo que se exhibe en ellos nunca fue real, y que solo se inventaron para producir miedo, repulsión y despertar un odio irracional hacia un periodo o una institución por el simple hecho de generar dinero.

Fuente original; http://zweilawyer.com/2018/02/06/strumenti-di-tortura-e-inquisizione/

Giordano Bruno, Cosmos y la mentira del “mártir de la ciencia”

Contrario a lo que circula en las redes, en artículos y memes, Giordano Bruno no fue astrónomo, ni matemático, ni científico. En su trabajo De umbris idearum, publicado en París en 1582, a través de un personaje cuestiona el método empírico, mientras que en la Cena delle ceneri demuestra un gran desprecio a las matemáticas atacando a Copérnico por emplearlas en su modelo. Su entendimiento del modelo heliocéntrico y el movimiento planetario no pasaba de un grosero animismo basado en su hermetismo puro. También atacó a Fabrizio Mordente, inventor de una variante de la pantómetra, llamándolo idiota en su Idiota triumphans por no haber entendido el significado místico y religioso de su invención. Más de una vez pasó el ridículo por sus ataques de delirio místico y de grandeza, una en Oxford, pero también en París huyendo como un cobarde cuando fue confrontado dialécticamente por un estudiante aristotélico en el collège de Cambrai luego de que Bruno hiciera una lectura publica atacando a Aristóteles. Se puede hablar también de su egocentrismo desmedido, a tal punto de verse a si mismo como el profeta de su propia religión “egipcia”. Su lectura del Revolutionibus era religiosa, no científica y su relación con los números era puramente mística, así como también su empleo de la “geometría sagrada” con el fin de invocar fuerzas astrales y demonios. Decir que Bruno fue matemático y astrónomo es el equivalente a decir que Deepak Chopra es físico cuántico.

Sin embargo, gracias a ciertos autores polemistas de tendencia anticlerical del siglo XIX, se instaló una historiografía propagandística en el que Bruno fue un científico que se enfrentó al poder clerical y a su oscurantismo, que se anticipó a las teorías de Descartes, Newton y Laplace, instalando también la idea de que Bruno fue un mártir de la ciencia. Uno de estos autores fue Andrew Dickson White, en su Warfare of Science publicado en 1876, responsable directo de la Tesis de Conflicto, la idea de que la religión y la ciencia han estado siempre en constante conflicto, presentada en el mismo trabajo y que usa, o en realidad distorsiona los ejemplos de Bruno y Galileo para alimentar su narrativa. Esta narrativa sobrevive a día de hoy. El autor británico Michael White en el 2002 publica “The Pope and the Heretic”, una historia ficticia explicando cómo Bruno fue un mártir de la ciencia y cómo sus ideas influyeron en Galileo y Newton. La realidad por otro lado es muy distinta.

Bruno en realidad no sostenía nada científico. La idea del universo infinito y múltiples tierras, que no corresponde más que a una idea que ha circulado sin problemas desde la antigüedad y planteada y defendida por autores y filósofos como Lucrecio y teólogos como Nicolás de Cusa más de una vez, se basaba en el concepto del principio de plenitud, en el que dios al ser la causa infinita debía tener un efecto infinito y no limitado en su creación. Bruno aceptaba el heliocentrismo de Copérnico porque estaba obsesionado con el sol, su influencia y su profecía de una reforma religiosa basada en el hermetismo, no porque viera en este algún mérito científico propio.

Sin dudas quien llevó a esta narrativa al extremo en el siglo XXI fue Neil DeGrasse Tyson en su segmento sobre Bruno en el programa Cosmos. Es interesante como Tyson al menos evita referirse a Bruno como un “científico” porque claramente las visiones y revelaciones que presenta en su caricatura(“caricatura” tanto en el sentido metafórico así como también literal) están lejos de proceder de un razonamiento lógico y empírico. Sin embargo cae en la anticuada narrativa victoriana, presentando a los detractores de Bruno como fanáticos y fundamentalistas cristianos y aristotélicos mientras que Bruno era víctima de su irracionalidad. Sin embargo se sabe que Bruno era propenso a tener ataques de ira cuando intentaba promover su extraña religión egipcia y muchas veces esto le jugaba en contra, como lo ocurrido con Mocenigo cuando este lo denunció a la inquisición de Venecia por sus constantes incoherencias místicas y su incapacidad de expresar correctamente sus ideas. A continuación dejo las siguientes aclaraciones sobre el video.

“Se atrevió a leer libros prohibidos por la iglesia”

El libro de Lucrecio, De rerum natura, que se presenta como uno de esos “libros prohibidos”, jamás estuvo prohibido por la iglesia. Poggio Bracciolini había publicado una edición impresa del libro un siglo antes de Bruno. Mucho menos se había prohibido cuando se recopilaron los manuscritos medievales de los cuales Bracciolini trabajó, ni tampoco se prohibió una vez que su edición se difundió ampliamente. La idea de que la Iglesia prohibió y /o intentó destruir la obra de Lucrecio es un mito que algunos polemistas del periodo moderno, entre ellos Hitchens, les gustaba repetir.

“Entran en escena unos siniestros y sombríos clérigos sacados de los clásicos villanos de Disney y echan a Bruno por leer el libro de Lucrecio”

Como lo señalé antes, leer a Lucrecio no estaba prohibido. La escena, donde al mejor estilo “Spanish Inquisition” de Monty Python aparecen los clérigos y expulsan a Bruno está un poco alejada de la realidad. Bruno en realidad se fugó de su convento y comenzó a deambular por Europa. Comenzó realizando lecturas de la Sphaera de Sacrobosco en Toulouse y fue expulsado en Geneva por los calvinistas. Se instaló en París por un tiempo donde publicó varios trabajos sobre el arte de la mnemotécnica y sobre magia solar.

“Tuvo la visión que selló su destino”

La siguiente secuencia, con música inspiradora y con un estilo cutre de animación reciclado de los cartoons de bajo presupuesto de los 90, nos cuenta cómo Bruno obtuvo su visión de un universo infinito, distintos soles y diferentes planetas habitables. El detalle que deGrasse Tyson hábilmente evita mencionar, (seguramente porque ensuciaba su simple y prolija narrativa) es de que la idea de un universo infinito y múltiples mundos ya había sido planteada un siglo antes por Nicolás de Cusa en su De docta ignorantia. Cusanus además de haber sido un filósofo neoplatónico, fue también cardenal y después legado de los estados papales. Hubiera sido interesante que el programa de DeGrasse Tyson lo mencionara, sobretodo teniendo en cuenta que este fue una influencia directa a Bruno, pero en lugar de eso entendieron que es mejor que fuera Bruno el único que de la nada, solamente mediante una epifanía mística, se diera cuenta de que el universo era infinito y que podían existir otras tierras. Olvídense de que Thomas Bradwardine haya expresado la misma idea en Oxford en el siglo XIV y más tarde Cusanus y el teólogo Guillermus Vorrilong hayan discutido lo mismo en el siglo XV. Hay que decirle a la audiencia que Bruno fue excepcional, único, no un delirante místico que tomaba ideas de otros para incorporarlas a su extraño sistema religioso.

“Fue excomulgado por la Iglesia Catolica Romana”

Su excomunión de la Iglesia no vendría sino después de su juicio y sentencia. Si fue excomulgado por un pastor protestante en Helmstedt en 1589 pero contrario a lo que relata Tyson no fue expulsado. El Duque Enrique Julio de Brunswick-Luneburgo quien era católico mostró aprecio por Bruno y este último le dedicó uno de sus poemas. En Francia fue relativamente tolerado por el círculo de místicos de Enrique III por un tiempo.

“La escena donde discute sobre la teoría de Copérnico y su cosmología a los profesores de Oxford y estos respondiendo con agravios y tirándole fruta”

Sin dudas la escena más estúpida de todas. Hubiera sido mejor presentar los hechos tal cual sucedieron, y no rebajarse a esta caricatura ridícula. De acuerdo a Bruno en su Cena delle Ceneri, el Nolano(porque Bruno fue tan racional y humilde que se refiere a sí mismo en sus obras en tercera persona) fue a Oxford a debatir con los doctores de Teología en presencia del noble de Polonia Olbracht Łaski, quien era el invitado. Según Bruno en su Cena, “el nolano” dejó en ridículo a los “pedantes gramáticos” llamándolos cerdos y gallinas.

El teólogo calvinista Georg Abbot por otro lado cuenta otra historia. En su respuesta a un trabajo de Thomas Hill, un católico benedictino, Abbot quien estaba en Oxford en el momento de la visita de Łaski comenta cómo Bruno llegó a la universidad en 1583 a ganar prestigio discutiendo con los teólogos de Oxford. Empezó a discutir sobre la teoría heliocéntrica de Copérnico. Sin embargo un profesor del lugar comenzó a sospechar algo. De acuerdo a Abbot este profesor, al revisar su copia del libro de Marsilio Ficino, De Vita Coelitus Comparanda, declaró que Bruno en realidad estaba recitando de memoria este trabajo, que no resultaba ser otra cosa más que un estudio de magia neoplatónica y hermetismo. Bruno, quedando completamente en ridículo en presencia de un noble extranjero y todos los profesores presentes, fue invitado a retirarse amablemente. Lejos de tirarle fruta y mandarlo a leer a “Aristóteles” y “la Biblia” como insinúa la escena.

Por otro lado insinuar que los profesores de Oxford a esta altura no conocían el trabajo de Copérnico es ridículo. El trabajo de Copérnico era discutido libremente tanto en colegios protestantes como en universidades católicas, e incluso fue usado por el matemático jesuita Cristóbal Clavio para su reforma del Calendario por su exactitud en los cálculos de los ciclos lunares y solares y su precisión en la estimación de la precesión de equinoccios.

“Obstinadamente se negó a rechazar sus ideas”

En realidad, no. Más de una vez procuró extrañas excusas sobre sus dichos y su comportamiento. Se excusó por ejemplo de que el libro de adivinación hermética que se le encontró en el momento de su arresto, De sigillis hermetis et ptolomaeis, en realidad no lo leyó y solo lo tenía para transcribirlo más tarde, y porque según él había leído un trabajo de Albertus Magnus, filósofo medieval, recomendándolo. También negaba haber dicho que el triunfo de Enrique de Navarra en Francia revelaba la señal del surgimiento de una reforma religiosa y que él se proclamaba a sí mismo el “capitano” de dicha reforma, como lo reporta su denunciante Mocenigo, y hay claros precedentes en los trabajos del propio Bruno en el que habla de una reforma basado en el hermetismo y la magia solar. En el juicio de Venecia Bruno se retractó de todas las herejías que se le acusaba. En Roma en 1599 estaba a punto de abjurar incluso, pero se arrepintió a último momento y se retractó de sus confesiones, acusando a los inquisidores de malinterpretar sus visiones.

“El segmento pasa a mostrar extraños instrumentos que la inquisición jamás usó”

Habría que explicarle a Tyson y su audiencia que de acuerdo al derecho canónico estaba completamente prohibido derramar sangre en las torturas supervisadas por un inquisidor. Lejos de los pintorescos y probablemente falsos instrumentos que presentan, que seguramente se encuentran en los cirqueros “museos” de la tortura, la tortura más común dentro de la inquisición era la garrucha, seguido por el azote de las extremidades con palos y si se quiere ampliar la lista el potro.

“Las acusaciones leídas por el Inquisidor”

No está claro cuáles fueron las acusaciones específicas por las que se procesó y sentenció a Bruno. El reporte oficial y los cargos contra Bruno se perdieron cuando Napoleón trasladó los archivos vaticanos a París. Aunque sí sobrevivieron los documentos de la inquisición de Venecia sobre el caso y un resumen de la evidencia usada por los inquisidores romanos. Las interrogaciones de los inquisidores de Venecia parecen enfocarse más en las proposiciones teológicas de Bruno (negar la existencia de la transustanciación, negar la segunda persona de la trinidad cristiana, afirmar que Jesús era un mago, dudar sobre la virginidad de María) y no tanto en sus proposiciones filosóficas. Los cargos contra las proposiciones sobre un universo infinito y la pluralidad de mundos pudieron haber estado incluidas. Sin embargo esto no demuestra que Bruno fuera un científico. Primeramente porque estas ideas eran especulaciones metafísicas, y no fueron concebidas bajo la misma metodología empírica que otros filósofos de su tiempo usaban. Dicho esto en la caricatura el primo de Rasputín de la película “Anastasia” si parece ser contundente en la sentencia sobre su creencia del universo infinito y múltiples mundos, a pesar de que un siglo antes un tal Nicolás de Cusa planteó exactamente lo mismo y lejos de condenarlo a la hoguera lo promovieron a cardenal y después legado Papal. Que cosas.

Lo que se debería resaltar es que el heliocentrismo no se encuentre incluido en el veredicto de la caricatura, teniendo en cuenta que este es uno de los mitos más difundidos sobre Bruno, apareciendo y circulando en varios memes. La realidad es que el heliocentrismo no estaba entre la lista de acusaciones contra Bruno, ya que de haber sido así la inquisición que investigó a Galileo en 1615 hubiera usado este caso como precedente, y no lo hizo.

“Galileo empleó por primera vez el telescopio y descubrió que Bruno estaba en lo cierto”

En realidad, no lo hizo. Los descubrimientos de Galileo no demostraban la hipótesis geocinética y helioestática de Copérnico, mucho menos que existiera un universo infinito. Que la idea de Bruno sobre las estrellas eran otros soles terminara siendo cierta no hace que su idea fuera científica o que este fuera un visionario por sostenerla. El hermetismo de Bruno se basaba en la magia solar, y el Sol representaba una fuente de energía vitalista para el universo de Bruno y los demás herméticos, solo que Bruno fue más allá intentando buscar un hermetismo más “puro”. Bruno también afirmaba que la tierra rotaba porque estaba animada por un espíritu sensitivo y activo. Mostraba desprecio por las matemáticas y la ciencia empírica. Dibujaba diagramas para invocar influencias astrales benignas y ángeles. Sin dudas no fue un gran ejemplo de un “mártir de la ciencia”, teniendo en cuenta que no murió por nada remotamente científico.

Son muchas las cosas que se podrían hablar sobre Bruno. Su constante lucha por ser aceptado en círculos privilegiados, su insistencia en promover y predicar sobre su visión hermética, su obsesión con la profecía de Asclepio, la reforma celestial y en leer el Revolutionibus de Copérnico como si este fuera un libro de magia. Bruno fundó una corriente hermética particular. Mientras algunos magos herméticos como Ficino y Agrippa intentaban armonizar su postura filosófica con el cristianismo Bruno despojaba de todo sentido cristiano a su sistema hermético *puro*. Una de las interrogaciones que fue sujeto por la inquisición en Venecia era sobre sus dichos con respecto a la cruz cristiana, que según Bruno fue robada por los cristianos de los antiguos egipcios, probablemente refiriéndose al Anj, el jeroglífico que significa “vida”. Admite que esta idea fue sacada del trabajo de Ficino, De vita coelitus comparanda, y era útil para atraer influencias astrales positivas. Pero mientras Ficino intentaba excusarse de esta idea diciendo que la cruz egipcia era en realidad un presagio a la venida de Cristo, Bruno simplemente afirmaba que esto era un simple plagio. Sin embargo tuvo que admitir que la cruz egipcia no tenía nada que ver en forma a la cruz en la que se representaba a Cristo en las pinturas. Esto demuestra que Bruno estaba muy lejos de reconciliar el hermetismo con el cristianismo, como lo hicieron otros.

Bruno resulta ser una figura peculiar del renacimiento y digno de estudiar. Pero inventar una narrativa para hacerlo ver como algo que nunca fue, solo para satisfacer un sesgo ideológico, es caer en la más pura propaganda irracional que se suele atribuir a grupos políticos y religiosos muy peligrosos. Como ateos debemos recurrir siempre a la lógica, no llevarse por emociones y siempre dar el ejemplo en todos los temas y no dejarse llevar por una retórica insulsa y prejuiciosa en base a lo que se leyó o escuchó una vez en un meme o un programa de TV. Estuvo mal haber quemado a Bruno. La iglesia siempre operó desde la intolerancia contra quienes pensaran diferente. Esto sin embargo no es excusa para ser hipócritas y distorsionar la historia para luego hacerse pasar por racionalistas. No hay nada de racional en eso. Bruno no fue un mártir de la ciencia, o un visionario que influyó en el campo.

El mito de los cristianos destruyendo la gran biblioteca de Alejandría y el porqué fue destruido el Serapeum en realidad

La destrucción del templo de Serapis suele ser citada como ejemplo de la barbarie y el fundamentalismo de los cristianos de la antigüedad que provocó la desaparición de la cultura clásica y la llegada del “oscurantismo”. Gracias a Edward Gibbon también se tiene la errónea idea de que los cristianos al destruir el templo también destruyeron su biblioteca, que históricamente se la asoció como una de las bibliotecas subordinadas a la gran biblioteca de Alejandría. Esta asociación hace que automáticamente se identifique a los cristianos como los verdaderos responsables de la destrucción de la biblioteca de Alejandría. La idea se popularizó a lo largo de los años y fue tomada por el presentador de TV Carl Sagan para un segmento de su programa Cosmos. También es repetida en la película de Alejandro Amenábar, Ágora. Ambos asocian a la filósofa neoplatónica Hipatia con esta biblioteca y tanto Sagan como Amenábar son cuidadosos al dejar a un lado la mención del templo de Serapis, o el hecho de que no están hablando de la famosa biblioteca, sino de una biblioteca “hija” que de todas formas, no fue destruida por los cristianos y no tuvo nada que ver con Hipatia.

La realidad es que nunca hubo una biblioteca dentro del templo cuando este fue parcialmente destruido por cristianos en el año 391. En un momento de la historia albergó una biblioteca que se decía estaba asociada a la biblioteca del Mouseion, la famosa gran biblioteca. La biblioteca principal, la del templo de las Musas, fue probablemente destruida en el siglo III en una serie de asedios y desastres naturales en el que no se encuentra ningún cristiano involucrado. Sin embargo la biblioteca del Serapeum siguió funcionando por un tiempo. Probablemente esta haya desaparecido luego del saqueo perpetrado por el patriarca arriano Jorge de Capadocia al templo, en el que se relata que este lo despojó de sus ornamentos y otros objetos de gran valor, y seguramente también de los libros de su biblioteca. Esto se puede confirmar más tarde en el relato del historiador Amiano Marcelino en su Res Gestae, en el que describiendo al templo menciona en tiempo pasado que este albergó alguna vez una biblioteca, insinuando que esta ya no existía en su tiempo.

Otros indicios de que no hubo tal biblioteca se encuentra en el hecho de que ninguna de las cinco crónicas que relatan la destrucción del templo hacen mención a la destrucción de libros o de una biblioteca. Los relatos son preservados en los trabajos de Rufino de Aquilea, Sócrates Escolástico, Sozomeno, Teodoreto y el sofista pagano Eunapio de Sardes. Es extraño que si supuestamente hubo una biblioteca destruida por cristianos, Eunapio de Sardes, un notorio anticristiano, no haya mencionado nada sobre esto. En su “Vida de los Filósofos” describe detalladamente la destrucción perpetrada por “ignorantes monjes cristianos” que para él eran “hombres en apariencia que llevaban una vida de cerdos” “atando a la raza humana al culto de los esclavos”. La destruccion de una biblioteca hubiera fortalecido aún mas su narrativa anticristiana, sin embargo no menciona nada sobre este supuesto hecho.

El mito fue inventado y perpetrado por el autor inglés del siglo XVIII Edward Gibbon en su magnus opus “Historia de la decadencia y caída del Imperio romano”. Gibbon, influenciado por la narrativa anticlerical de filósofos franceses como Voltaire, en una clara muestra de distorsión de los hechos, narra cómo los cristianos “destruyeron la valiosa biblioteca de Alejandría” demostrando categóricamente que los cristianos no les gustaba nada que tuviera que ver con el conocimiento y la cultura. Cualquiera con una base de estudios de la historia, principalmente medieval, se dará cuenta enseguida que esto es completamente falso y el cristianismo de hecho a través de sus monjes preservó una gran cantidad de trabajos que de otra manera hubieran desaparecido junto con el imperio en occidente.

La narrativa de Gibbon fue tomada en seguida por otros autores y sobrevivió en el siglo XX, donde tuvo un ímpetu al ser tomada por el presentador del programa Cosmos Carl Sagan. Sagan distorsiona aún más la narrativa incluyendo a Hipatia en la historia como la directora de esta biblioteca ficticia y en una increíble demostración de disonancia cognitiva reporta que la biblioteca fue destruida después del asesinato de la filósofa, algo que claramente no es cierto en el hecho de que el templo de Serapis y la supuesta biblioteca fueron destruidos en el año 391 e Hipatia fue linchada y asesinada en el 415.

La cosa no termina y la narrativa neogibboneana de la destrucción de la biblioteca y su asociación con Hipatia es tomada por el director Alejandro Amenábar en su ridícula película Ágora, en el que relata groseras falsedades históricas como el hecho de Hipatia descubriendo las trayectorias elípticas mil años antes de que Tycho Brahe pasara 30 años catalogando la posición de las estrellas y los movimientos planetarios para luego ser recopiladas en las tablas rudolfinas de Johannes Kepler. En la película también se encuentra Hipatia siendo la directora de esta biblioteca y por supuesto, la biblioteca siendo destruida por sucios e ignorantes pueblerinos cristianos.

Por qué fue destruido el templo en realidad?

A pesar de la idílica narrativa que nos cuentan Sagan y la película de Amenábar hay mucho más que se evita decir por obvias razones. Sin dudas decir que el templo fue ordenado destruirse luego de que este sirviera como refugio a un grupo de terroristas paganos liderados por prominentes filósofos neoplatónicos que secuestraban, torturaban y asesinaban cristianos ahí dentro hubiera socavado por completo la trágica historia de Sagan y Amenábar de que los cultos y pacíficos paganos fueron perseguidos y masacrados por violentos, oscurantistas y sucios cristianos.

De las crónicas que existen sobre esto la más consistente es la de Rufino de Aquilea. Sozomeno depende cronológicamente del relato de Rufino y Teodoreto recurre a la narración de Escolástico, que sufre algunas inconsistencias, entre ellas un supuesto edicto promulgado sobre la destrucción de templos. El relato de Sócrates fue escrito entre el 439 y 443 y comienza con un edicto de Teodosio I permitiendo la destrucción de templos en la ciudad de Alejandría. Este dato es problemático, ya que no se conoce ningún edicto promulgado por una legislación imperial sobre la destrucción de templos en el Codex Theodosianus, y no hubo una política oficial de destrucción de templos antes del año 435 ni tampoco existe un precedente de poderes especiales siendo otorgados a obispos locales para que perpetuaran la destrucción de estos templos. Lo que sí hubo fue un edicto promulgado en Alejandría el 16 de Junio del 391 en el que se prohibía los sacrificios y el acceso a templos. Esta ley no llamaba a la destrucción de templos y de hecho, parece que fue promulgado después de los eventos del Serapeum.

Sin embargo los relatos coinciden en una cosa. La violencia que derivó en la subsecuente orden de destruir el templo involucraba a un grupo de radicales paganos liderados por Olimpio, un filósofo neoplatónico de la corriente de Jámblico que secuestró el templo luego de un violento enfrentamiento contra los cristianos en las calles de la ciudad. Además el relato de Escolástico es significativo porque durante sus estudios en Constantinopla conoció y tuvo como maestros a dos de los paganos involucrados que se jactaban orgullosamente de haber matado determinado número de cristianos.

El relato de Rufino comienza con el proyecto del Patriarca Teófilo de renovar una Basílica abandonada donada por Constancio II, que anteriormente había servido como templo. Durante las renovaciones se encontraron habitaciones subterráneas y cuevas que servían propósitos religiosos, en el que se encontraron figuras de ídolos que después Teófilo ordenó desfilarlos a modo de burla por las calles. Esto enfadó a varios paganos provocando un enfrentamiento callejero entre estos y los cristianos. Luego los paganos, liderados por el filósofo Olimpio, tomaron refugio en el templo abandonado de Serapis, y con él estaban también otros neoplatónicos como Amonio, Heladio, Paladas y Claudiano. Sócrates menciona cómo sus maestros de gramática Heladio y Amonio se jactaban de sus crímenes con Amonio declarando haber matado a 9 cristianos. En el templo estos paganos comenzaron a capturar cristianos de las calles, obligándolos a realizar sacrificios y quienes no cumplían se les torturaba rompiendoles la tibia, pinchandolos con horquillas o cruficiandolos hasta que murieran. Una de las víctimas fue el célebre retórico cristiano Gesio.

Esto llamó la atención de las autoridades de la diocesis de Egipto, Evagrio el Praefectus Augustalis y el Comes Aegypti Romanus. Estos intentaron exigir explicaciones a los paganos de sus actos pero estos se resguardaron y levantaron barricadas en la entrada al templo lo que provocó que los romanos asediaran la fortificación por varios días. Las autoridades egipcias escribieron un reporte al emperador quien responde con un rescripto en el que se lee en voz alta que Teodosio declaraba que los cristianos asesinados sean considerados mártires y que los perpetradores sean perdonados, mientras que también ordena la destrucción directa del templo y de sus ídolos. Ante la orden de perdonar a los asesinos, muchos ciudadanos cristianos ofendidos asistieron a los soldados a asediar y destruir el templo, destruyendo la estatua de Serapis y desfilando cada fragmento por la ciudad para luego finalmente ser quemados. Rufino insinúa que el templo no fue enteramente destruido como indica varias narraciones del periodo árabe en el que describen la columnata del antiguo templo aún en pie insinuando que el templo fue gradualmente desmantelandose en lugar de ser inmediatamente destruido.

Es un hecho que el mundo del mediterráneo antiguo se vivía mucha violencia. Los cristianos eran parte de esta cultura y al igual que los paganos eran propensos a hechos violentos desagradables. Esto no es excusa para querer inventar una narrativa ficticia donde los malos siempre serán los cristianos y los buenos el resto. Así no funciona la historia. Los hechos violentos perpetrados por cristianos no corresponden más que al tenso ambiente político y cultural en el que se vivía dentro de la región. Nadie menciona por ejemplo el linchamiento y asesinato del patriarca Jorge de Capadocia por un grupo de paganos molestos, los disturbios en Antioquía del 387 que dejaron varios muertos, la masacre de Tesalónica del 390, la golpiza que sufrió el estudiante cristiano Paralios por atreverse a criticar a su maestro pagano Horapolo en el 512 y las matanzas perpetradas en los disturbios de Niká en el 532. Antes de que hubiera cristianismo el regente de Ptolomeo V, Agatocles fue linchado y descuartizado junto con su hermana por una turba furiosa en Alejandría en el siglo III aC. Los romanos realizaban pogromos contra los judíos de Alejandría en el siglo I que dejaba cientos de muertos, masacraron druidas en Anglesey y los emperadores romanos periódicamente expulsaban astrólogos caldeos de las ciudades y algunas veces filósofos. El cristianismo era sino una faceta más de este mundo violento e injusto, y las legislaciones anti paganas que adoptó no son más que la continuación de los decretos paganos que se promulgaban contra otros grupos como los judíos, maniqueos, los bacanales o los caldeos. Culpar a los cristianos de todos los males de aquellos tiempos es desconocer completamente el contexto de aquella realidad. Distorsionar la historia para alimentar un resentimiento y un prejuicio contra los cristianos no hace más que despejar cualquier atisbo de razonamiento lógico.

Mitos y verdades sobre el saneamiento medieval

El crecimiento demográfico de los siglos XII y XIII, producto de las exitosas técnicas desarrolladas y aplicadas en la agricultura trajo como resultado la reurbanización de muchas ciudades. Este crecimiento demográfico en occidente significo además en la diversificación del comercio y la mecanización de la industria, principalmente la textil, llevando a las grandes ciudades como Londres y Paris a una gran prosperidad económica lejos de la vida del campo y la subyugación de los señores feudales. Esto sin embargo también trajo varios problemas de sanidad. Los talleres de curtido y tinta debían ubicarse en zonas limítrofes de la ciudad por su potencial contaminación y mal olor, mientras que los mataderos debían desechar sus residuos en lugares específicos por ley. Contrario a la idea popular que se tiene sobre la Edad Media, la gente no le gustaba vivir entre la mugre y eran igual de susceptibles al olor y a la contaminación como cualquiera de nosotros. En mi anterior artículo sobre la higiene medieval hablaba de la enorme profusión que tenían las casas de baños en las ciudades y que la higiene era mucho más frecuente de lo que popularmente hoy se piensa sobre el periodo. La antigua teoría desarrollada por filósofos griegos como Aristóteles sobre la generación espontánea estaba también arraigada entre las personas educadas de la sociedad medieval, y la desagradable idea de que la suciedad generaba gusanos y moscas influyó también en que se llamara a regularizar la sanidad y se eliminaran los deshechos de las calles. La gente medieval también entendía que la contaminación significaba un potencial peligro para la salud. En su De Nobilitate Legum et Medicinae de 1399, Coluccio Salutati describe lo desagradable a la vista y al olfato que representaba la examinación médica del excremento y la orina, por ejemplo. La idea de que las personas medievales estuvieran acostumbradas a la suciedad se contradice completamente en los hechos de la presencia y profusión de baños públicos, el considerable número de documentos médicos sobre la higiene y sobretodo por los estatutos comunales que exigían regularizar la sanidad de las calles aplicando restricciones y severas multas a quienes no cumplieran con lo establecido. El mismo Salutati, de acuerdo a su contemporáneo Leonardo Bruni, describe que Florencia sobrepasaba en limpieza a las demás ciudades e incluso decía que las ciudades de la antigüedad como Roma y Atenas no eran tan limpias como la Florencia de su tiempo.

Esto sin embargo no quiere decir que las ciudades medievales estuvieran libres de suciedad. Para los estándares modernos, algunas ciudades como Londres, tenían un estado precario de salubridad. La diferencia es que contrario a lo que popularmente se piensa, las autoridades municipales estaban muy lejos de no importarles, y a pesar de que para los estándares modernos podrían ser consideradas sucias, para el contexto y los recursos que disponían en aquel momento hacían un buen trabajo. Los ciudadanos además debían tener una mayor responsabilidad cívica ya que era un deber comunal mantener limpio el sector de la calle en la que vivían, más allá de que existieran trabajadores de la limpieza pagados por la ciudad. La idea de que la gente tirara residuos desde las ventanas a las calles no es del todo errada, pero estaba muy lejos de que fuera pasado por alto por las autoridades, y por mucha otra gente que encontraba molesto esta práctica. Al igual que nosotros ellos asociaban la suciedad con las enfermedades. Así lo entendió Eduardo III que luego de la crisis sanitaria que devino en el abandono del mantenimiento de la ciudad después del brote de la peste de 1349, instó a las autoridades municipales a retomar la responsabilidad cívica de limpiar las calles, por temor a que los malos olores y la mugre produjeran más efectos nocivos en la diezmada población londinense. Las multas impuestas por las ordenanzas eran altas para quienes no acataban la orden de no ensuciar, y en algunos casos incluso incluían pena de arresto.

Los comerciantes, carniceros y dueños de talleres y tiendas tenían una responsabilidad importante en mantener su zona de la calle limpia, con pena de multas muy altas si no acataban, e incluso cárcel. Así le sucedió a un tintorero en Londres en 1343 cuando fue arrestado por tirar los residuos de su taller a la calle, y a un peletero por hacer lo mismo en 1373, en ambos casos siendo multados severamente. Las regulaciones de San Gimignano de 1255 instaban a sus oficiales a mantener la limpieza de las calles así como también el correspondiente mantenimiento y reparación de las mismas. El estatuto de Aviñón de 1245 establecía una multa de dos florines a quienes tiraran basura o vertieran agua sucia en las calles. La preocupación por seguir las ordenanzas municipales por parte de la población, sobretodo en la clase comerciante, bajo penas de multas o cárcel provocó que, en 1326 en Cheap Street de Londres un grupo de aprendices linchara y asesinara a un vendedor ambulante luego de que este tirara una piel de anguila en frente de dos talleres. El enojo de los trabajadores se puede entender a partir de una ordenanza del alcalde de la ciudad, Gregory Rocksley, unas décadas atrás, haciendo responsables a los ciudadanos que tiraran desechos en frente de sus casas con una multa de 4 peniques, aunque, para 1326 la multa pudo haberse elevado, ya que para 1345 la misma penalidad había subido a dos chelines.

Aunque el ejemplo del linchamiento del pobre vendedor fuera excesivo y bastante excepcional, las personas de la edad media lejos de estar acostumbrada a la mugre y a los malos olores, como comúnmente se sostiene, incluso protestaban y denunciaban a los infractores con las autoridades. En el siglo XV algunos ciudadanos de un barrio de Paris se quejaron por los malos olores que una alfarería dejaba en la zona, y en 1371 los habitantes de Candlewick Street de Londres denunciaron desagradables olores del humo del alto horno que un taller de plomeros soltaba. Los registros de las denuncias y los wardmotes, reuniones de las autoridades civiles de las ciudades de Inglaterra para discutir sobre la organización cívica y las ordenanzas, se encuentra en los Plea and memoranda rolls, registros de denuncias y quejas de la ciudad de Londres que comenzaban a documentarse desde el siglo XII. En 1399 un ciudadano se quejaba de la peste del pozo negro de su vecino en Wood Street de Londres mientras que un wardmote de 1421 de Billingsgate acusó a la parroquia de San Andrés por la peste en la zona que dejaban sus letrinas. Todas estas denuncias y penalidades demuestran que los londinenses de la Edad Media no estaban acostumbrados a la pestilencia y la mugre y que de hecho las regulaciones y mantenimiento sanitario eran prevalentes y exitosas, incluso luego de la crisis de la peste negra. No solo existían estatutos que protegían al ciudadano, las leyes también protegían a las autoridades encargadas de hacer cumplir las ordenanzas con multas mucho más altas e incluso arresto. En 1364 dos mujeres fueron arrestadas por el Sheriff luego de tirar residuos frente de sus casas y maltratar al alderman que fue a multarlas. En 1375 un hombre fue arrestado por tirarle agua residual a otro y un año más tarde, un tal William Bole, dueño de una velería, también sería arrestado por tirar cáscaras de ostras y residuos al sargento del alcalde. En 1390 un tintorero fue arrestado y penado con una multa de 100 chelines por asaltar al recolector de multas. Además de los documentos de los wardmote, el Liber Albus, o libro blanco, completado en 1419, es una fuente fundamental sobre la política de saneamiento de la ciudad de Londres en la Edad Media y el rol que cumplía cada empleado civil.

Uno de los problemas que enfrentaban las grandes urbes era la disposición de la basura, sobretodo la materia fecal. Las autoridades instaban a la población a tirar sus desechos en lugares específicos fuera de la ciudad. Algunos lugares del Támesis en Londres solían ser usados como vertederos de desechos de los ciudadanos así como también ser lugares designados para que tintores y carniceros tiraran sus residuos. Esto incentivó a que se buscara otras fuentes de agua potable y se creara un conducto subterráneo en la ciudad de Londres en 1236, que conectaba un manantial artificial de agua potable del Tyburn a través de un sistema de cañerías que llevaba a las fuentes y cisternas locales del resto de la ciudad. Los que podían costearse una instalación de tuberías en sus casas que conectaran directamente a estas cisternas tenían acceso al agua potable de estas cisternas desde sus casas, y los que no simplemente buscaban el agua a la cisterna más cercana o pagaban a un cargador de agua para que les suministraran tres galones por día. En el retorno de Eduardo I de Palestina y en la coronación de Ricardo II, se suministró vino en los conductos en lugar de agua por un día para toda la ciudad.

Los canales de desagüe de las ciudades servían para el drenaje del agua de lluvia así como también vertedero de los residuos líquidos. Sin embargo cualquier tipo de residuo solido podría provocar una obstrucción de los canales que llevaba a problemas sanitarios serios. Por esto las autoridades cívicas de Londres prohibían el vertedero de desechos solidos en el Walbrook, un arroyo que fluía en el medio de la ciudad, solo permitiéndose tirar residuos líquidos, como se estipula en los decretos de 1286 y 1287. Muchas veces sin embargo, estos canales estaban tan contaminados que se consideraron medidas para limpiarlos debido al peligro potencial que significaba en la salud de la población, como lo entendió el alcalde de Londres en 1378 cuando ordenó limpiar el Támesis y el Walbrook y la creación de vertederos alternativos. Por otro lado, gracias a las quejas de los hermanos Carmelitas, primero en 1290 y después en 1307, las autoridades limpiaron el arroyo de Fleet, usado como vertedero por los tintoreros del vecindario que causaba el mal olor que aquejaba en la zona. Un wardmote de 1462 ordenó cubrir el arroyo de Walbrook convirtiéndolo en una alcantarilla. Algo similar que ocurrió en la ciudad de París a principios del siglo XV con varios arroyos que funcionaban como drenajes naturales de aguas residuales, como por ejemplo el arroyo de Menilmontant. Los pozos negros instalados en las casas así como también las letrinas públicas que existían en profusión, sobre todo a lo largo del Walbrook en Londres, eran periódicamente limpiados por un grupo de empleados conocidos como gongfermours, ya que dichos pozos se les conocía como “gong”, y “fermour” es un término del dialecto anglo-normando que significa “recaudador”. Estos ‘recaudadores’ limpiaban estos pozos y recibían un importante sueldo.

De donde surge la idea de que la gente medieval era “sucia” entonces? El declive sanitario de grandes ciudades como Paris y Londres se produce en la enorme desorganización y el declive demográfico que se genera después de las guerras y la peste negra. Para 1357 un tercio de la población de Londres había muerto y las ordenanzas de saneamiento y limpieza dejaron de seguirse, 8 años después del primer brote de la plaga, llegando a sus estándares más bajos de limpieza. Se suele recurrir a la idea generalizada, y errónea de que la peste se propagó por las ratas que vivían entre la mugre, para demostrar lo sucia y asquerosa que era la gente en la Edad Media, y por eso mató cerca del 30 al 60 % de la población europea. Pero la acusación de la pobre higiene y sanidad extrañamente no se aplica en otros lugares. La plaga mató cerca del 40% de la población egipcia pero sin embargo casi nadie apunta a la mala higiene de los egipcios como factor de su propagación. La mortalidad en Medio Oriente fue de un tercio de la población total. Sin embargo la acusación de ‘sucios’ no pesa sobre ellos. La idea de que solo la gente medieval murió por la peste porque eran sucios corresponde a un conjunto de pensamientos e ideas basadas en la incomprensión, la ignorancia, la intolerancia, el sesgo y el odio hacia este periodo en particular, que obviamente tiene su semilla en los escritos de varios autores anticlericales de periodos posteriores, sobretodo la ilustración.

Contrario a esta idea las ratas no fueron los principales vectores de la peste en Europa. El estudio del ecologista David E Davis sobre la distribución de la rata negra, la presunta portadora de la pulga transmisora del Yersinia pestis, en Europa, muestra que este animal se encontraba en profusión en zonas templadas a cálidas, y en lugares urbanos y áreas agrícolas y que tendían a evitar los bosques y los lugares fríos, con una presencia muy escasa en el norte de Europa. Los estudios de los investigadores del centro de síntesis ecológica y evolutiva del departamento de biociencias de la Universidad de Oslo de Enero del 2018 demostraron que la propagación de la peste en occidente fue más rápida y de mucho más alcance que posteriores brotes y epidemias transmitidas por las pulgas de las ratas luego de que el huésped muriera. Además, a diferencia de lo ocurrido en los brotes europeos del siglo XIX, no existen referencias en la documentación de la época de muertes masivas de ratas en el siglo XIV. La investigación concluye que el modelo aceptado es la transmisión neumónica, a través del aire, entre humanos, ya que la saliva puede infectarse con la Yersinia pestis. El modelo sugiere que entre 1347 y 1352 las ratas infectadas llegaron de los barcos que partían desde Crimea a Europa y que desembarcaban, junto con los tripulantes también infectados, a las ciudades portuarias de Messina, Génova y Venecia. La rapidez de la transmisión a las zonas frías cruzando los alpes durante el invierno a París y luego a Inglaterra en unos pocos meses sugiere que el modelo neumónico, con los humanos como los principales vectores, es el más factible, y no el murino(transmisión por medio de la pulga de las ratas) como popularmente se piensa.

El declive de la higiene y la sanidad fue causada por el brote de la peste, y no al revés. En el siglo XV el humanista Fausto Andrelini de Forli quien enseñaba en la Universidad se quejaba de las malas condiciones sanitarias de las calles de París, algo que confirma Erasmo a principios del siglo XVI. Las casas de baños, como Erasmo indica en su queja sobe el declive de los baños de Brabant en el siglo XVI, fueron desapareciendo, irónicamente, porque entendiendo los principios básicos de contagio, la gente consideraba correctamente que estos eran un gran foco de infección, y en palabras de Paul Diepgen, la Edad Media sobrepasaba en conocimiento de enfermedades contagiosas y medidas preventivas contra las infecciones, sobretodo después de la peste, a la antigüedad. A causa del cierre de baños públicos a comienzos del periodo moderno, comenzó un declive de la higiene y el baño comenzó también a ser visto como una causa de las enfermedades por la creencia medica del periodo de que el baño caliente abría los poros y dejaba vulnerable al cuerpo para que pudiera entrar el ‘miasma’. Pero esto, cabe señalar, comenzaba después del periodo medieval, haciendo, irónicamente a la gente del renacimiento mucho mas sucia que la gente medieval. Así mismo, como Douglas Biow, profesor de estudios medievales y renacentistas indica, la atención cívica a la limpieza en Italia pudo haber crecido durante el Renacimiento y como respuesta a los brotes de la peste. Boccacio, en su introducción del Decameron, menciona el hecho de que después de la peste los ciudadanos de Florencia desarrollaron una drástica mejora en la atención sanitaria de la ciudad. Esta atención se demuestra en la creación de juntas de Salud y Sanidad en las ciudades y en el hecho de que, como en la alabanza de la limpieza de Salutati sobre su ciudad, Florencia, existan relatos que describen la limpieza de estas ciudades, mientras que para 1554 en Paris ya se registran 800 carros usados para remover la suciedad de las calles al menos dos veces al día.

José Maza y el porqué ser un respetado astrónomo no te convierte automáticamente en una autoridad en historia.

La historia es una disciplina a la cual respeto mucho, y siempre estoy abierto a corregir y que me corrijan porque no siempre se puede retener los datos correctos, y por eso siempre es necesario revisar lo que *piensas que sabes* antes de exponer un punto o una opinión con respecto a un hecho histórico. En el canal de facebook de Javier Santaolalla, al cual sigo porque soy igual de apasionado con respecto a la física y la astronomía como soy con la historia, me encontré con un curioso video de dos horas en el que estaba invitado el profesor José Maza Sancho, un astrónomo chileno muy respetado en su campo, y me pareció curioso que la temática elegida en el video sea la historia. Precisamente la historia de Kepler y Copérnico, en una especie de disputa simpática por ver quien era mejor de los dos, entre el defensor de Kepler(Santaolalla) y el defensor de Copérnico(Maza) Debo admitir que no fue fácil ver las dos horas de video, sobretodo en lo que respecta a los dichos de Maza sobre la historia de Copérnico y la historia de la ciencia en general.

Al inciar el video supuse que José Maza Sancho no nombraría a quienes en realidad han influenciado con sus trabajos en astronomía a Copérnico, como fue Georg von Peuerbach y Johann Müller, y me sorprendió un poco al escuchar de pasada que nombrara a Rheticus. Pero el video resultó ser un despliegue de los típicos mitos que circulan en la cultura popular sobre Copérnico, Galileo, Bruno, la iglesia, la Edad Media, la quema de brujas y la inevitable “Biblioteca de Alejandría”. Lamentablemente Maza no es el único astrónomo popular que se pierde en la obsoleta retórica victoriana de sus héroes. Lo vemos por ejemplo en los desvaríos del programa de Neil deGrasse Tyson cuando toca algún tema sobre hechos históricos. Y lo vemos también en la reciente publicación de una biografía de Galileo del astrónomo italiano Mario Livio, que lejos de apoyarse en la autoridad histórica reciente sobre el tema, prefiere desviarse una vez más, en los mitos románticos del siglo XIX ya refutados por la historiografía moderna. Dicho libro es completamente destripado por el historiador del renacimiento y blogger Thony Christie, quien publica artículos de historia de la ciencia renacentista en su blog The Renaissance Mathematicus, no sin antes admitir el enorme estrés mental que le produjo leer lo mismo que leería alguien que no conoce la historia pero verdaderamente está interesado en conocerla. Al terminar el video en la página de Santaolalla me ocurrió algo similar. A qué se debe que varias autoridades de las ramas de las ciencias duras piensen que de alguna forma ser expertos en sus campos automáticamente los hace expertos en otro? Y no solo eso, NO REVISAN lo que dicen sobre la historia y terminan exponiendo su propio trastorno de Dunning-Kruger frente a quienes saben de verdad.

Aquí dejo una lista de explicaciones y refutaciones de cada uno de los dichos de José Maza, quien fue por lejos mucho menos prudente que Javier Santaolalla en presentar su caso, que se podrá encontrar en los correspondientes segmentos del video;

9;40 Ya hablar de “rankings” de más grandes científicos estamos entrando en un grave problema de idealización. No existe un ranking oficial de grandes científicos. La idea de que exista uno le pondría los pelos de punta a cualquier historiador de la ciencia. Si algo están de acuerdo estos es que el progreso de la ciencia no depende de individualidades o hechos específicos. Cada científico de la historia ha estado interconectado y se ha apoyado en el trabajo de otro como para caer en la falacia de la teoría del “Gran Hombre“.

13;40 y 15;20 El renacimiento en las ciencias y el renacimiento del conocimiento en realidad ya había ocurrido tres siglos antes en lo que se conoce como el renacimiento científico del siglo XII. El Renacimiento italiano fue un movimiento humanista que intentó recuperar formas de arte y literatura abandonadas hace muchos siglos por los occidentales y ciertamente la entrada de eruditos refugiados luego de la caída de Constantinopla influyó en este movimiento. Sin embargo la entrada de libros y documentos antes perdidos en occidente ocurre mucho antes con el Renacimiento del siglo XII desde de España, Sicilia y Grecia. Una gran cantidad de estos libros fueron traducidos del árabe ya que procedían de bibliotecas musulmanas como las de Toledo. Sin embargo también se tradujo directamente del griego de libros procedentes de Grecia y Constantinopla. El traductor Santiago de Venecia en el siglo XII traduce del griego el Almagesto y la Óptica de Ptolomeo, Elementos de Euclides y Categorías de Aristóteles. Guillermo de Moerbeke también traduce del griego, en plena Edad Media, algunos trabajos de Aristóteles y Arquímedes, mientras que Aristipo de Calabria traduce Faenón y Menón de Platón y Meteorología de Aristóteles.

La Universidad Jagellónica a la que asistió Copérnico era famosa por sus estudios astronómicos, pero no gracias al famoso Renacimiento del cual José Maza habla. Siguiendo el modelo de la Universidad de Viena, Cracovia instaló un departamento de matemáticas y astronomía en la que impartía clases Alber Bruszewski, en el periodo que estuvo Copérnico. Brudzewski había escrito un importante comentario en el Theoricae Novae Planetarum de Peuerbach en 1482 mientras que Marcin Bylica donó los trabajos y los instrumentos del ya fallecido Regiomontano al departamento. Los trabajos en astronomía de Peuerbach y Regiomontano tuvieron una increíble influencia en Copérnico, ya que estos dos habían reformado por completo la astronomía occidental. Las efemérides de Regiomontano resultaban ser extremadamente precisas por ejemplo al punto de que Colón las usó para impresionar a los nativos al predecir un eclipse lunar.

33;00 Si bien es cierto que occidente “se le apagó la luz” más que nada por la crisis de la caída de occidente y las subsecuentes guerras y conflictos que siguieron, causando la ‘recesión mental’ del cual Maza se refiere, imposibilitando cualquier actividad intelectual, el Syntaxis Mathematica de Ptolomeo, que es el famoso ‘Almagesto’, circulaba y era estudiado sin ningún problema en las escuelas griegas de Constantinopla, a la cual no se le había apagado esa luz. Si bien el Almagesto que tradujo Gerardo de Cremona del árabe es el más famoso, ya había mencionado que Santiago de Venecia había traducido del GRIEGO este trabajo. Pero la primer TRADUCCIÓN procede de una copia en GRIEGO de Aristipo de Calabria en el siglo XII por un estudiante de la Schola Medica Salernitana.

34;55 Es falso lo que insinúa sobre algún tipo de epifanía que tuvo Copérnico sobre la rotación de la tierra. Esta idea venía siendo discutida desde la Edad Media, por lo menos dos siglos antes de Copérnico, y claramente estaba al tanto de estos argumentos cuando especuló sobre la rotación diurna. Tanto Jean Buridan y Nicolás Oresme en París en el siglo XIV defendían la posibilidad de la rotación diurna basados en argumentos sobre la relatividad del movimiento, mismos argumentos que usaría Galileo en el siglo XVII. En el siglo XV Pierre ‘d’Ailly y Nicolás de Cusa también la discutieron y en el mismo siglo en que vivió Copérnico otros también plantearon el mismo argumento. El geógrafo Sebastian Munster diseñó un mapa mostrando el movimiento terrestre, en el Nuovo Orbi de Simon Grynaeus en 1532. Celio Calcagnini de Ferrara, secretario del cardenal Ippolito d’Este apoyó el movimiento terrestre en su Quod Coelum stet, terra autem moveatur mientras que Aquiles Primin Gasser apoyó la segunda edición de la Narratio Prima de Rheticus, amigo de Copérnico y quien escribió este documento como prefacio a su trabajo. En su prefacio de una edición del trabajo del científico medieval Petrus de Maricourt de 1558 Gasser insinuó que la rotación de la tierra tenía una explicación magnética.

También es falso el hecho de que se viera al modelo de Ptolomeo con reverencia religiosa. De hecho era visto como un modelo complicado que contradecía la noción de un cosmos perfecto diseñado por Dios. La cosmología aristotélica de las esferas era la visión astronómica más popular entre los filósofos de la edad media y el renacimiento. Bernard de Verdún fue el primero que se sabe que prefirió el modelo de epiciclos y deferentes de Ptolomeo, por sobre el sistema geocéntrico de esferas concéntricas de Al-Bitruji. Tampoco es cierto que se ignorara otras alternativas. Aunque no tan popular como la cosmología de las esferas, el modelo que presentaba Marciano Capella en el que Mercurio y Venus giraban en torno al sol y este y los demás astros giraban en torno a la tierra fue muy conocido en la edad media, en el que se diseñaron diagramas de estas órbitas. Copérnico al igual que sus contemporáneos estaban al tanto de esta versión así como también en las discusiones sobre rotación diurna terrestre. Durante su estadia en Italia también se asomó el neopitagorismo y el hermetismo cuyas doctrinas se apoyaban en una reverencia divina al sol, en la magia solar y la astrología, algo que pudo haber influenciado a Copérnico también.

Un diagrama del modelo de Capella, popular en las clases quadriviales de la edad media

36;00 Esa explicación no procede a lo que verdaderamente se conoce del documento de la estimación del tamaño del Sol que se le atribuye a Aristarco. En este texto no se encuentra ninguna especulación heliocéntrica de Aristarco y solo se limita a hacer una determinación de la distancia entre el Sol y la Tierra y el tamaño del primero relativo a la luna. Es un texto puramente geocéntrico que nada tiene que ver con una especulación heliocéntrica, y la lógica para rechazar el modelo heliocéntrico era que no existía percepción del movimiento de la tierra y no existía paralaje estelar visible. Indudablemente esto sería explicado convincentemente por la física de los siglos XVII y XVIII, pero al no existir en la antigüedad, en la edad media, y en gran parte del renacimiento, no era más lógico pensar que la tierra giraba alrededor del sol que al revés.

36;25 Ptolomeo SI lo discutió y SI lo consideró. La explicación que Ptolomeo usa para rechazar la idea de que la tierra se moviera era de que no existía evidencia observable. Entre alguna de sus especulaciones estaba de que si el aire era llevado por el propio movimiento de la tierra los objetos en el aire no tendrían el mismo movimiento y serían dejado atras. Obviamente resultó estar equivocado, pero esto mucho después de que se desarrollara una mecánica que pudiera contradecir satisfactoriamente sus conclusiones.

55;00 Se conoce bien la alusión y el rechazo de Lutero a esta “nueva astronomía” así como también el rechazo de su colega Felipe Melanchton, el reformador de la educación en las escuelas y universidades protestantes. Sin embargo este rechazo no significaba que los protestantes no estuvieran dispuestos a discutir el modelo de Copérnico. De hecho, Georg Rheticus y Erasmus Reinhold, pertenecientes al círculo de matemáticos de Melanchton, y protestantes, apoyaron el trabajo de Copérnico. Rheticus aportó un prefacio del Revolutionibus conocido como Narratio Prima mientras que Reinhold se encargó de confeccionar las tablas planetarias derivadas de este trabajo. El Revolutionibus además fue editado por el teólogo protestante Andreas Osiander y publicado por el protestante Johannes Petreius en Nuremberg. El modelo copernicano fue discutido en las universidades protestantes como Wittenberg sin ningún problema.

55;14 El Papa no se interesó en el modelo porque los protestantes lo rechazaran. Esto no sigue para nada con la cronología de los hechos. El Tischreden de Lutero donde estaba esta critica a Copernico si bien era una recopilación de las notas tomadas por sus estudiantes entre 1531 y 1544, fue publicado en Eisleben en 1566. Por otro lado el Commentariolus, el resumen en manuscrito de Copérnico, fue leído en los jardines vaticanos por el secretario papal Albrecht Widmannstetter al Papa Clemente VII y a miembros de la curia como los cardenales Franciotto Orsini, Giovanni Salviati y el obispo de Viterbo Giampietro Grassi, en 1533. Varios oficiales eclesiásticos, además del propio Papa, expresaron interés por el trabajo de Copérnico. El cardenal Nicolaus Schonberg se ofreció a patrocinar el nova mundi ratio de Copérnico, mientras que Tiedemann Giese, obispo Culm y amigo de Copérnico ayudó a diseminar el manuscrito del Commentariolus. El obispo de Varmia Jan Dantyszek, quien era además un conservador contrarreformista, ayudó a diseminar los trabajos científicos de Copérnico.

1;07;37 El dato de Maza de que en Alemania se quemaron un millón de mujeres es completamente erróneo. La llamativa cifra de un millón no procede más que a la exageración, ya que estos juicios fueron bien documentados en su tiempo. Los expertos estiman que en EUROPA se ejecutaron entre 30 a 40,000 personas por brujería, un 80% de ellos mujeres, pero los hombres, contrario a lo que afirma Maza, representando una considerable minoría. Incluso si incluyéramos casos no documentados o casos de linchamiento público hablar de más de 100,000 seguiría siendo una exageración.

1;20;00 Maza parece que ignora el hecho de que la física aristotélica venía siendo debatida desde principios de la Edad Media y varios eruditos, de los cuales ya mencioné al contestar el error de pensar que Copérnico tuvo una especie de inspiración para decir que la tierra se movía, planteaban un experimento mental basado en el movimiento relativo que es conocido gracias a Galileo, pero que en realidad fue planteado en un comentario de Jean Buridan en el De Caelo de Aristóteles en el siglo XIV. En su analogía Buridan establece que no podemos percibir el movimiento de la tierra del mismo modo que no podemos percibir que nos estamos moviendo en un barco. Nicolás Oresme siguiendo el argumento de Buridan también discutió la relatividad del movimiento dentro de un barco e incluyó la idea de que una flecha disparada al aire caería en el mismo lugar en el que fue disparada tanto en la tierra como también en el barco en movimiento. Nicolás de Cusa se adhiere a estas ideas también, en el siglo XV. En cuanto a la inercia Jean Buridan plantea algo que es muy similar a esta. Par entender su planteamiento también hay que entender sobre la idea del Impetus, desarrollada por el filósofo cristiano Juan Filopón en el siglo VI y en el que Jean Buridan desarrolla como un concepto de fuerza impresa, una fuerza que se transfiere del lanzador al proyectil y que se va desgastando producto de la fricción del aire. Esta idea es reminiscente al momentum de la mecánica clásica y fue planteada más de un milenio antes. Al tener este concepto en mente Buridan plantea la posibilidad de que los planetas rotan perpetuamente en un medio sin fricción, insistiendo que el impetus transferido por dios no se degradaría. Esta teoría se contrapone a la teoría del movimiento de los planetas causados por las esferas celestiales. Claramente Maza no ha leído sobre Buridan, Oresme o Nicolás de Cusa. Si lo hubiera hecho sabría que la idea de la rotación diurna de la tierra, así como también los cuestionamientos de los postulados de la física aristotélica y los argumentos de Ptolomeo ya venían siendo discutidos y disputados por los filósofos medievales.

1;22;42 A partir de aquí es donde José empieza a tropezar con el mito de Copérnico siendo advertido y amenazado y luego con Giordano Bruno. Lejos de advertirle, los colegas de Copérnico de hecho, INCENTIVARON a que completara su trabajo. El cardenal Schonberg incluso le ruega a Copérnico que terminara su trabajo cuanto antes y tanto el Obispo Tiedemann Giese como también Rheticus intentaban convencerlo y alentarlo para que completara su trabajo, el cual Copérnico tenía serías dudas ya que, de las pocas cosas que Maza sacó bien de su historia, Copérnico no tenía grandes argumentos para convencer a la comunidad sobre su modelo. Pero muy lejos estaba de estar en peligro de ser quemado como Bruno, como especula Maza.

Giordano Bruno fue quemado por cuestiones teológicas que nada tenía que ver su visión cosmológica. Contrario a la idea popular no fue quemado por sostener el heliocentrismo. De hecho, si tal hubiera sido el caso, la comisión que investigó a Galileo en 1616 hubiera presentado el caso de Bruno como precedente, y sin embargo no lo hace.

1;23;55 La idea de que Copérnico “no tenía espalda” es ridícula. Como se mencionó anteriormente, su Commentariolus tuvo mucha aceptación entre la curia romana y entre algunos influyentes humanistas como el obispo Tiedemann Giese. Tuvo el total apoyo del cardenal Schonberg, así como también del obispo de Varmia Jan Dantyszek, quien introdujo al matemático de Flanders, Regnier Gemma Frisius a los estudios de Copérnico. Disfrutó del apoyo del círculo de matemáticos protestantes de Melanchton y los astrónomos de hecho estaban entusiasmados con la promesa de un modelo menos complicado y más parsimonioso que el de Ptolomeo, cosa que no resultó ser así ya que las tablas de Reinhold no resultaban ser mejores que las derivadas del modelo de Ptolomeo.

1;26;16 Sobre la pregunta de la interferencia de la iglesia. La idea de que la iglesia interfirió con el progreso científico es un mito que surge de los autores de la ilustración del siglo XVIII y es vociferado por autores anticlericales del siglo XIX. La idea se produce a partir de una tesis desarrollada por John William Draper y Andrew Dickson White en el que a través de ejemplos aislados y completamente descontextualizados, plantean que la religión, y sobretodo la católica, se contrapusieron al desarrollo científico. Esta idea quedó inmediatamente obsoleta cuando Pierre Duhem, un historiador de la ciencia de principios del siglo XX, descubre las enormes contribuciones científicas desarrolladas por científicos medievales cristianos como Roger Bacon, Jean Buridan y Nicolás Oresme entre otros sin ninguna interferencia o lio con la iglesia. Me temo que Maza no va a responder lo mismo que yo y se va a inclinar en la obsoleta idea de la iglesia y el oscurantismo, que, aunque académicamente muerta en los círculos de historiadores de la ciencia modernos, sigue prevaleciendo de forma dominante entre la masa popular no especializada. Tengo incluso hasta miedo de tener razón en mi predicción.

Iluminación de Nicolás Oresme en su Scriptorium con una esfera armilar.

1;26;37 Lo lamento señor Maza, pero lejos de mantener a un pueblo ignorante como dice usted, la “Iglesia” o más bien los cristianos(porque lejos de haber una “iglesia” en el sentido moderno de la palabra en este periodo estaba completamente fragmentada en diferentes diócesis y liturgias que nominalmente estaban sujetas a Roma, pero que seguían sus propios intereses) a través de programas como los impulsados por Alcuino en las reformas carolingias, instalaron escuelas no solo en catedrales y monasterios, sino que además también en ciudades y pueblos. El entrenamiento de comerciantes, abogados, médicos era esencial en cualquier estado medieval. El surgimiento de la economía del siglo XII vio un increíble crecimiento demográfico y con ello la especialización de las clases urbanas en el comercio y la artesanía a través de los gremios en las ciudades. Un contador o un comerciante debían no sólo saber escribir, sino también aplicar las matemáticas. Maza no parece estar al tanto sobre la composición social del periodo medieval y parece que va desvariando, más de lo que venía haciéndolo, a partir de este punto.

1;26;57 Lo lamento de nuevo señor Maza, pero los curas no eran los únicos que sabían leer. Como expliqué en su discurso del segmento 1;26;37 la clase comerciante de las ciudades también necesitaban saber leer y escribir por obligación a sus deberes laborales.

1;27;18 No señor Maza, la “iglesia” no tenía ningún monopolio del conocimiento, ya que simplemente lo que usted conoce como “iglesia” en términos modernos no existía en esos tiempos. Gran parte del conocimiento que se preservó y se recopiló provenía de los monasterios sí, pero estos no poseían ningún monopolio tampoco. Cuando Carlomagno promulga su reforma en el siglo IX lo hace con la idea de entrenar no solo clérigos, sino también funcionarios SECULARES. En cuanto al estudio de la naturaleza estaba completamente convalidado mediante la doctrina de los dos libros, en el cual, mientras el libro de las escrituras se usaba para llegar a la revelación de Dios, con el libro de la naturaleza se llegaba al conocimiento de su creación. El estudio de las causas naturales estaba totalmente convalidado también a través de la doctrina de la escuela de Chartres, mediante Teodorico y Guillermo de Conches, en el siglo XII.

1;27;30 No hay ningún ‘etc’ señor Maza. Tanto Giordano Bruno como Galileo fueron investigados y condenados por cosas que tienen que ver con planteamientos teológicos personales que tuvieron estos, y no por sus ideas científicas o mágicas. Hablar de Bruno como un hombre que se dispuso a investigar la naturaleza muestra la ignorancia de Maza con respecto a su historia. Giordano Bruno fue un mago hermético que buscaba impulsar una especie de reforma mística y buscó sin éxito a quien patrocinara sus extrañas ideas. Rechazaba el uso de la metodología empírica desarrollada por los filósofos medievales en favor de su intuición mágica y criticó a Copérnico por basar su modelo solo en las matemáticas. Insultó y trató de idiota al inventor de un compás de proporciones, Fabricio Mordente, por no darse cuenta que su invención corresponde a una inspiración divina. Sin embargo no fueron las ideas de un universo infinito con múltiples mundos (idea que saca directamente del teólogo alemán Nicolás de Cusa, que la formuló en plena EDAD MEDIA. Extraño que el señor Maza no lo haya nombrado durante su exquisito despliegue de conocimiento histórico sobre el periodo, cof cof) o su defensa mística del heliocentrismo, lo que lo llevó a la hoguera, sino sus dichos con respecto a la doctrina católica de la transubstanciación, decir que Jesús era un mago y dudar de la virginidad de María. Claramente ninguna de estas cosas tienen algo que ver con ciencia o cosmología.

A partir de este momento José Maza empieza a divagar sobre el supuesto retraso de la ciencia y el conocimiento. Claramente Maza no es un historiador y me sorprende y me molesta bastante que alguien de la edad de Maza, siendo un respetado astrónomo y científico, que debe pregonar por el razonamiento y la lógica, no se molestara en revisar por lo menos una cuarta parte de toda la basura que habló hasta ahora, y es el triste caso de alguien que piensa egocentricamente que al ser una autoridad en algo, en este caso la astronomía, tiene la autoridad y la potestad de difundir una versión caricaturesca, distorsionada y en muchos puntos bastante falsa de la historia. De verdad que este no fue un video fácil de ver para nada.

1;31;50 Sobre el término, “hombros de gigantes” y esto es solo un pequeño detalle que ni me hubiera molestado en explicar, pero a esta altura y con los disparates que ha dicho Maza sobre la ciencia y la “iglesia” en la Edad Media, estaría bueno recalcar que la frase fue en realidad dicha por el filósofo neoplatónico cristiano del siglo XII Bernardo de Chartres, maestro de los escolásticos racionalistas Guillermo de Conches y Gilberto de la Porrée.

1;33;30 La historia se construye con datos también, señor Maza, con estructura, y no por medio de invenciones y fantasía.

1;35;51 Oh dios, esa pregunta, perfecta para que Maza haga gala de su ignorancia histriónica de la historia. Antes de escuchar lo que tiene que decir yo mismo la contesto analizando incluso la naturaleza de la pregunta. La pregunta antes que nada parte de la creencia que la Biblioteca de alguna forma representaba algún centro científico y tecnológico estilo MIT pero de la antigüedad. Muy lejos estuvo de eso de hecho. Contrario a lo que se reportan en las fuentes, la biblioteca probablemente no tuvo más de 40 o 50,000 libros, esto derivando de los cálculos del experto en historia antigua Roger Bagnall. Los datos de Bagnall los recopilo en mi artículo sobre las bibliotecas del mundo antiguo aquí. En el mismo artículo explico que lejos de ser un CERN del periodo helenístico la especialidad de los eruditos de la biblioteca era la gramática, la poesía, la edición y la estandarización de textos de obras conocidas, como las de Homero y Eurípides. La pregunta también demuestra que se tiene un conocimiento bastante precario de cómo avanza la historia. No. No hubiéramos estado cerca de colonizar Marte, lamento si esto le arruina la fantasía a más de uno, pero la idea de que la historia avanza tal cual un juego de Civilization, en el que hay que desbloquear casilleros de conocimiento para construir monumentos y avanzar al siguiente periodo histórico, es simplemente ridícula.

1;36;38 La biblioteca de Alejandría no fue incendiada señor Maza, y ya estoy suplicando a todos los demonios astrales que habitan las esferas celestiales que termine YA este video. Es tortuoso escucharlo.

Puedo decir que todas estas son refutaciones de las premisas más graves del profesor Maza. Algunos detalles como el supuesto doctorado de Copérnico en Astronomía en Italia lo dejé pasar, pero este tipo de negligencias dañan completamente el intento de los verdaderos historiadores por reparar la probablemente irremediable noción popular sobre la relación entre la ciencia y el cristianismo que se inculcó con la tesis del conflicto en el siglo XIX. Al conocer la considerable cantidad de seguidores que tiene Santaolalla en las redes, da bastante miedo saber que los ridículos mitos que expuso Maza en este video se propagan ahora mismo como la peste, como hasta ahora se sigue viendo. Es sumamente lamentable, y la verdad no sé si esperar o no alguna respuesta de Santaolalla, pero decir que si fue capaz de hacer un video sobre los mitos que rondan la historia de Nikola Tesla, también puede referirse a las cosas que expuso equivocadamente Maza y hacer una aclaración al respecto, y ser transparente con un colega y un profesional que indudablemente se equivocó, y feo.

El mito de la falta de higiene y sanidad en la Edad Media.

Existe un prejuicio que se remonta al siglo XIX con respecto a la presunta falta de higiene y saneamiento en el periodo medieval. Curiosamente Herbert Perris en su Industrial history of England nota que durante el periodo industrial del siglo XIX comienzan a surgir las primeras chabolas modernas, o slums como se conocen en inglés, mientras que Havelock Ellis en The Nineteenth Century: An Utopian Retrospect escrito en 1901 nota la predominante presencia del excremento en la vida común de la gente. El historiador Lynn Thorndike hace una simpática comparación sobre las 300 alcantarillas de Londres que desembocaban en el Támesis en el siglo XIX, con una propuesta de 1550 de Enrique de Francia de desviar el sistema de alcantarillados de París al Sena que finalmente fue rechazada por las autoridades municipales en base al potencial peligro público que representaba dañar la fuente de agua potable más importante de la ciudad. Thorndyke nota además un reporte de la Inglaterra de 1844 en el que solo dos ciudades cumplieron con la remoción de desechos de los lugares públicos. Cómo es posible que las autoridades municipales de la Francia del siglo XVI tuvieran más conciencia cívica y de higiene que la Inglaterra del periodo victoriano, cuando a su vez autores de este periodo reprochan la inexistencia de higiene y salubridad del periodo medieval? Podemos definir esto como hipocresía, pero realmente lo que motivaba estas acusaciones infundadas en esos tiempos, así como también hoy en día, era ignorancia complementada con prejuicio. La Edad Media a partir del renacimiento fue caracterizada como un periodo malo, de ignorantes, fanaticos, estupidos, sucios y cristianos. Prejuicio que más tarde fue aumentando en la retórica de varios autores vinculados a la ilustración.

Evidentemente si la sanidad del siglo XIX era mala, imagínense cómo sería en la Edad Media. Ese era el tipo de razonamiento que se promovía para justificar una idealizada noción de que la historia siempre avanzará a un futuro mejor, y que el pasado solo es funcional al interés del futuro. Así lo pensaba Ange Marie François Guépin, representante del pensamiento positivista de la Francia del siglo XIX. Curiosamente Guépin, escribiendo sobre la historia de la ciudad de Nantes, consideraba la cuarentena desarrollada en el periodo medieval una grosera falta a las libertades individuales y que solo se trata de una reliquia de los bárbaros medievales. Pensaba que el imparable progreso traería un método preventivo más eficaz contra el contagio. Estamos en el siglo XXI y todavía no se asoma ningún método mejor, aunque si tenemos muchos con la mentalidad de Guépin del siglo XIX que piensan que una cuarentena coacciona sus libertades individuales.

Por qué entonces, si somos mejores que nuestros antepasados, más limpios, más inteligentes, etc el historiador Marcel Poëte se dá el lujo de afirmar que los parisinos del siglo XIII eran más limpios que los modernos? Y por qué para Paul Diepgen, ginecólogo alemán e historiador de la medicina, las medidas de prevención de contagio de la Edad Media, sobretodo después de la peste negra de 1348, eran mejores que en la antigüedad, fuente del fetichismo neo-helenístico de la Weimarer Klassizismus? O por qué Dorothy Louise Mackay remarca que los servicios modernos de los hospitales de París se basan en el modelo medieval del cuidado del enfermo? Para contestar estas preguntas primero hay que referirnos a las evidencias. Y a partir de las evidencias, que van desde documentos médicos de la época hasta crónicas sobre sirvientes que llevan la tina de baño de su rey en sus viajes y de iniciaciones de caballeros en baños ceremoniales, la idea de que en la Edad Media no se bañaban, y eran sucios, es completamente equivocada.

Antes de tocar el tema de los baños públicos que son la mayor evidencia que existe contra este extraño mito, quiero referirme a la actitud de los cristianos por los baños en aquellos tiempos. Dentro del mito de la gente sucia medieval, está otro mito, el de los cristianos y la iglesia prohibiendo el aseo y los baños. Este mito parte en el hecho de que algunos padres de la Iglesia, como Clemente y Jerónimo, condenaban las excesivas asistencias a los baños públicos, que interpretaban como asistencias placenteras. Esto en parte a que los baños en los siglos IV y V eran mixtos, aunque aún podían existir en la edad media como reporta Poggio Bracciolini en el concilio de Constanza sobre los baños mixtos de Baden en el siglo XV. Jerónimo era más estricto en el hecho que para él las mujeres vírgenes no se debían bañar con otras mujeres y que estas no debían bañarse desnudas. Estas sugerencias sin embargo no deben ser interpretadas como la norma imperante, ya que las Constituciones Apostólicas, un manual episcopal del siglo III determina el uso del baño como un curso natural. Los Padres de la Iglesia, en general no prohibían el baño como medida de aseo personal y salud. Los rigoristas cristianos, generalmente ascetas, eran más vociferos contra el exceso del baño, pero así también con muchas cosas que consideraban excesos, y la gente, incluyendo oficiales eclesiásticos, ignoraban muchas de sus sugerencias. Algunos baños de ciudades como París o Londres estaban conectados con los burdeles locales, y eran centros de encuentro y prostitución, una de las razones de las quejas y protestas de fanáticos religiosos.

A su vez, los cristianos escribían guías y sugerencias sobre el baño y el aseo en documentos y enciclopedias médicas. Hildegarda von Bingen escribió sobre el tratado de la piel y la limpieza facial en el siglo XII. El tratado médico Regimen sanitatis Salernitanum del siglo XIII recomendaba el aseo y el baño así como también el Regimen sanitatis de Magnum Mediolanensis que prescribía 57 baños en condiciones específicas en el siglo XIV. El Secreta Secretorum traducido del árabe en el siglo XII incluye una sección exclusivamente de los baños y en el siglo XIV. Pietro de Tossignano, formulaba doce reglas para el uso de los baños de la ciudad de Bormio en su de balneis burmi apud Volturenos liber. Estos son algunos de muchos documentos que existen que resaltan la importancia médica del baño y que demuestra que los cristianos y la gente medieval en general tomaba en serio la importancia de la higiene personal.

Pero qué tan frecuentes se bañaban? Sin dudas no una vez al año como ciertos datos falsos quieren hacernos creer. Si bien técnicamente no es del periodo medieval, ya que el reporte es de 1511, no se aleja demasiado al periodo en cuestión, el diario de Lucas Rem reporta que en un periodo entre el 20 de mayo al 9 de Junio se había bañado unas 127 veces. Claramente esto puede deberse a una exageración, pero esto también demuestra que los baños no eran infrecuentes, o que era cosa de solo una temporada al año. Los baños públicos, o como se conocían también en inglaterra stew, o en los pueblos germanos como badenstube eran muy frecuentados. Alexander Neckham en París en el siglo XII reportaba que los asistentes de propietarios de las casas de baños salían a las calles de la ciudad a anunciar que el agua de los baños ya se había calentado. En el siglo XIII en la misma ciudad se reportaban cerca de 32 baños públicos. Los baños termales eran también muy populares, como el caso de los de la ciudad de Wiesbaden, los de Badenweiler y los de Aachen. Algunos de estos baños eran tan famosos que se dedicaron poemas, como es el caso de Petro da Eboli escribiendo sobre los baños de Pozzuoli en su De balneis Puteolanis en el siglo XIII. En el pueblo de Teruel en Aragón del año 1176 se redactó un estatuto sobre el mantenimiento de baños públicos y el Livre des métiers d’Étienne Boileau incluye estatutos de la ocupación de los encargados de baños. En 1489 la ciudad de Ulm tenía 168 baños registrados, Florencia tenía tres calles con baños públicos y en Fráncfort del Meno en el siglo XIV habían por lo menos 15 badenstube, 13 en Nuremberg, 17 en Augsburgo y 29 en Viena.

El baño no era visto solamente como una necesidad médica, era también un pasatiempo, como muestra una frase popular de aquellos tiempos; “Venari, ludere, lavari, bibere; Hoc est vivere”(Cazar, Jugar, bañarse, beber; esto es vida!) y los nobles lo consideraban una parte integral de su propia cultura, junto con la literatura, el arte y la comida! De hecho, los príncipes solían comer también en las tinas de baño de sus castillos. Estos baños consistían en tinas de madera acolchadas con seda, dentro de una tienda, y en días calurosos se instalaba en el jardín y en invierno en la cámara cerca del fuego. Los sirvientes de los reyes transportaban su tina personal durante sus viajes como se reporta en los viajes de John de Inglaterra a través de su territorio. El baño era también parte de la iniciación de un caballero, como se reporta en una crónica sobre la iniciación de Godofredo de Anjou en el siglo XII, quien iniciaba el ritual bañándose en una tina preparada para la ocasión. Eginardo, biógrafo de Carlomagno reporta que el emperador amaba bañarse cada mañana en un río o un estanque. El rey de los germanos, Wenceslao de Luxemburgo, era tan adepto a los baños que se le dedicó un número de manuscritos iluminados, incluyendo la traducción germana de su biblia, con escenas de baños. La guarnición de los castillos también se les permitía asistir a los baños públicos del pueblo, como se reporta en la crónica de Melrose sobre la caballería del castillo de Kenilworth que planeaba asistir a las casas de baños, algo que resultó en un desastre ya que uno de ellos era un espía del rey Enrique III quien estaba en guerra con Simón de Montfort, propietario del castillo. Los hombres del rey sorprendieron a los caballeros de Simón desarmados y algunos huyendo desnudos por las calles de Kenilworth.

Existen muchas iluminaciones de gente disfrutando de baños, como por ejemplo una del artista Memmo di Filippuccio de 1306 de dos sirvientes en una tina. Se puede argumentar que los baños estaban limitados a ciertas clases sociales altas. Los nobles como dije consideraban el baño un pasatiempo. Pero como muestra la gran difusión que tenían los baños públicos en las ciudades medievales, difícilmente se pueda argumentar que la gente más humilde carecía de las necesidades higiénicas más elementales, o que no tenían ningún tipo de concienciación sanitaria. Al desmentir estas cosas uno se dá cuenta de lo bien estructurados que resultan ser estos mitos para encontrarse recursos retóricos de esta clase. Muchos responden que el baño solo era un lujo de los nobles, o que muchos campesinos no tenía acceso a los baños de las ciudades. Esto es cierto, sin embargo esto no impedía que la gente pobre y los campesinos se pudieran lavar. Los campesinos se bañaban en tinas de madera o también en ríos y estuarios. Barbara Hanawalt, especialista de la historia social de la Inglaterra medieval, indica en “The Ties that Bound: Peasant Families in Medieval England” que en su investigación de casos de muerte por ahogamiento entre los siglos XIV y XV 35 resultaron ser de personas que intentaban bañarse en los ríos durante fuertes corrientes. También hay indicios de que el baño era recurrente en invierno, como lo demuestra el reporte de un bebé que murió quemado después de que el trípode de una caldera con agua que se estaba calentando en el fuego para bañarlo se rompe. Curiosamente Barbara encontró 12 casos de gente que murió intentando lavar su ropa en el río. Podemos hablar también de los seelbader, o seel-bäder, instalaciones fundadas y financiadas por nobles para que la gente pobre pudiera bañarse gratis, y que a partir del siglo XV comenzaron a ser comunes. En Dresden existía uno. También existía uno exclusivo para los integrantes de la Kreuzschule, una escuela de gramáticos de la ciudad, en Schreibergasse.

Finalmente, no podemos no hablar del invento del jabón. El jabón derivado de la grasa de animal se inventa en Galia y la primer referencia proviene de Teodoro Prisciano en el siglo IV. Sin embargo los muy limpios y admirados romanos desconocían completamente de este producto, que finalmente ganó popularidad a principios de la edad media con gremios dedicados a su fabricación en Italia en el siglo VII. El Capitulare de Villis de Carlomagno del año 805 menciona estos gremios y su producto y este comenzó a ser conocido en Inglaterra en el siglo X. El monje Ricardo de Devizes en el siglo XIII describe el número de fabricantes de jabón en Bristol así como también la naturaleza de la fragancia de su producto “apud Bristollum nemo est qui non sit vel fuerit saponarius“. En el siglo XIII la industria del jabón era dominada por Marsella y las ciudades de Génova, Venecia y Bari.

Qué hay de la suciedad de las calles? Es verdad que se tiraba basura por las ventanas? En un principio mencioné la negativa de las autoridades municipales a desviar las alcantarillas al Sena en el siglo XVI. Contrario al mito de que la gente medieval estaba acostumbrada a vivir entre la mugre, existían controles sanitarios muy estrictos. Sin embargo en las grandes ciudades como Londres y París eran difíciles de aplicar. Sin embargo las quejas que encontramos en archivos del periodo, por ejemplo de vecinos de un distrito de París quejándose de que la presencia de una alfarería estaba dejando malos olores en la zona, claramente indica que estas personas estaban muy lejos de estar acostumbradas al mal olor y la suciedad. Un documento de 1270 demuestra la existencia de un oficial de sanidad y evidentemente para ese tiempo existía un control de limpieza de la ciudad. Pero luego de la guerra de los cien años y la peste negra la desorganización y la despoblación empeoró las condiciones de saneamiento y para el siglo XV el humanista Fusto Andrelini de Forli, quien enseñaba en la universidad de París, se quejaba de las pésimas condiciones de las calles, lo mismo que Erasmo en el siglo XVI. Esto, lejos de demostrar que la Edad Media fue un periodo de suciedad, en realidad expone el declive y la degradación sanitaria que sufrió la ciudad después de las constantes guerras y enfermedades, ya finalizando el periodo medieval. Marcel Poëte, el historiador que mencioné al principio que comparaba la higiene de los parisinos de la Edad Media con los del periodo actual, nota que el declive de la limpieza y la higiene comienza durante los primeros años del renacimiento. Algo que se insinúa fuertemente en las afirmaciones de Erasmo de Rotterdam quien nota que en 1526 que los baños de Brabant, que eran muy populares 20 años atrás, habían desaparecido por completo de la ciudad, por causa de la plaga. Los baños públicos se fueron gradualmente abandonando al entenderse que eran un foco importante de contagio. En el siglo XVI se crea una costumbre alentada por los médicos de ese periodo de que los baños eran dañinos porque abrían los poros de la piel permitiendo que el miasma entrara por ellos. Es justamente en el periodo del famoso Renacimiento, y no en la Edad Media, que comienza la degradación de la conducta humana con respecto a la limpieza y la higiene.

Aún así dicha afirmación cae en la arbitrariedad y en el absolutismo al no considerar a fondo lo expuesto. Por qué Erasmo y Andrelini se espantan ante las condiciones de las calles de París? Porque sus ciudades natales no presentaban estas condiciones. París y Londres al ser grandes urbes y surgir después de períodos difíciles de pestes y guerras, tuvieron dificultades enormes para su reconstrucción social y entre los siglos XVI y XVII encontramos descripciones de las pobres condiciones de las calles de Madrid también. Londres al igual que París, tenía ordenanzas muy claras sobre el mantenimiento y limpieza de las calles y con severas multas a sus habitantes que no las cumplieran entre los siglos XIII y XV. Pero a su vez tenemos ejemplos de ciudades que son enaltecidas por su estado de limpieza. En un diálogo de Leonardo Bruni del siglo XV Salutati menciona que Florencia supera en limpieza y pureza a otras grandes ciudades existentes e incluso a otras antiguas como Atenas y Roma. Bruni resalta en su Eulogia que la verdadera belleza de los pueblos está en la limpieza, y que una ciudad sucia no puede ser considerada hermosa. Y en 1621 James Howell escribió que se podía caminar por las calles de Venecia en ropa de seda sin que se manche.

Conclusión. La Edad Media, contrario a lo que comúnmente se piensa, no fue un periodo de completa suciedad e irresponsabilidad sanitaria. Los baños públicos en las ciudades eran extremadamente populares, a pesar de las objeciones de algunas autoridades religiosas. Incluso se instalaron baños gratuitos para la gente extremadamente pobre y la evidencia indica tanto nobles como la clase baja disfrutaban de los baños como un pasatiempo. Documentos médicos que aconsejan bañarse abundan en este periodo, así como también en las crónicas de caballeros que se inician con un baño ritualístico, o en los poemas como el De balneis Puteolanis de Petrus de Eboli. El jabón comenzó a ser industrialmente fabricado en la Edad Media, cuando en el periodo romano era virtualmente desconocido. Existían ordenanzas en el cuidado y saneamiento de las calles de ciudades como París y Londres y fue solo a partir del siglo XV en adelante que se comienza a tomar otra postura y se abandona la cultura de la higiene medieval, ya a comienzos de la era moderna, como lo indica Erasmo ante su queja de la desaparición de los baños de Brabant en el siglo XVI. El siglo XIX comparado con la Edad Media si fue un periodo de poca consciencia medioambiental y de higiene y aún hoy en día existe gente que pasa una semana sin conocer la ducha, algo que espantaría a Lucas Rem quien afirmaba que se bañó 127 veces en un periodo de 20 días.